Confederación de Comunidades Judías de Colombia

Comunidad Judía

La página más reciente de la historia de los judíos en Colombia corresponde a las comunidades actuales que comprenden hoy la vibrante población judía del país. Colombia tiene al rededor de 4000 judíos viviendo en las diferentes ciudades más importantes. Aunque es una de las comunidades más pequeñas en número en América Latina, es una de las más activas, con entidades, instituciones, miembros y actividades representativas y en constante movimiento. De estas diferentes colectividades encontramos la más grande en la ciudad de Bogotá.

Es común que los judíos en la diáspora residan en las grandes ciudades y capitales de los países en los que habitan. El judío moderno, en su mayoría a excepción de en el Estado de Israel es urbano. En otras épocas era común encontrarlo viviendo en pequeñas aldeas de Europa Oriental pero hoy en día son las urbes, con su activa vida multicultural, los espacios preferidos de residencia. Allí es posible practicar sus ritos y actividades culturales en un ambiente generalmente receptivo a este tipo de diversidad cultural y religiosa.

Las ciudades en general ofrecen muchas ventajas para una minoría que se quiera asentar en ellas y Bogotá no es la excepción. La capital es una ciudad moderna de nueve millones de habitantes, con una extensión de 177.598 hectáreas y una activa vida cultural, comercial, económica, turística, etc. En sus calles reside un prisma de religiones que goza de la libertad de culto que ofrece Colombia y convive con una población tolerante y receptiva a diferentes expresiones religiosas.

Aunque el catolicismo sea la religión mayoritaria de Colombia, no excluye otras denominaciones y estas encuentran cabida entre la diversa población del país. No hay lugar donde se pueda ver esta faceta multicultural más claramente que en Bogotá, donde convergen personas de todas las regiones y donde la comunidad judía formó un hogar que data desde comienzos del siglo XX.



Paso entre mundos

Las llegadas de migrantes judíos a Colombia no tienen sus comienzos en el siglo XX. Hay rastros de migrantes desde el arribo de Colón, familias, individuos y en casos grupos que se asentaron el el país siglos atrás. Sin embargo, cuando hablamos de la comunidad judía que existe hoy, encontramos sus orígenes a comienzos del siglo XX y no antes.

Ya sea por asimilación, pérdida de cultura, falta de interés y en algunos casos persecución, aquellos migrantes coloniales no mantuvieron sus tradiciones religiosas y culturales lo que significó que su identidad judía no logró sobrevivir hasta el día de hoy. Se perdieron en el tiempo y aunque actualmente muchas personas buscan entre sus antecesores algún familiar judío (y muchos probablemente lo tienen) no es fácil determinar con certeza si es el caso. La identidad religiosa de estos migrantes se fue diluyendo hasta ser olvidada y en muchos casos quedó convertida en no más que una leyenda familiar.

Desde finales del siglo XIX pero más representativamente a comienzos del XX empieza a llegar una nueva oleada de migrantes judíos a Colombia, migrantes que van a constituir las comunidades que conocemos hoy y quienes son nuestro foco de interés en este capítulo.

El grupo que empieza a arribar en esta época está compuesto por judíos de origen ashkenazí y sefardí. Estos términos se utilizan desde la edad media para distinguir dos grupos culturales según el lugar de asentamiento de sus antepasados en la diáspora. Los ashkenazís provienen de Europa oriental. El nombre literalmente se refiere a “judíos alemanes” pero con el paso de los años se usó para denominar a los judíos europeos. Los sefardíes adquieren su nombre por Sefarad que significa España en hebreo. Son aquellos que en la edad media vivían en la Península Ibérica y quienes después de la expulsión de España en 1492 se asentaron en diferentes países al rededor del Mediterráneo.

Podría parecer que los orígenes culturales distantes de los judíos poco tienen que ver con su asentamiento en Bogotá, pero es importante resaltar que las expresiones culturales están sumamente nutridas por los siglos de vida en estas diferentes regiones. La música en la liturgia, la comida, la vestimenta y el idioma son algunos de los aspectos que se ven determinados por esta identidad cultural.

Esta distinción también define no solamente los lugares de origen de los migrantes que llegan a Colombia sino también sus motivos. Mientras que los ashkenazís llegaron principalmente huyendo del antisemitismo en Europa, que era un problema grave desde finales del siglo XIX, los sefardíes, en su mayoría, llegan buscando mejores oportunidades económicas.

Latinoamérica era entonces una tierra de ilusiones. Siglos después de la llegada de Colón, América seguía siendo el nuevo mundo y un universo completamente diferente al que los habitantes de Europa y el Mediterráneo estaban acostumbrados. Sin embargo simbolizaba también oportunidades para un nuevo comienzo y una mejor vida. Lo que sabía un judío que vivía en un pequeño pueblo de Polonia o Marruecos de América Latina era muy poco. El viaje se hacía prácticamente a ciegas, con la esperanza de un futuro mejor pero sin saber a qué se enfrentaría cuando llegara en cuanto a cultura, clima, economía o idioma.

No es en vano la imagen del migrante judío que llega a las costas de América con una “mano adelante y la otra atrás”. Eran pocos los que salían de sus países de origen con grandes posesiones. Más común era que llegaran con una maleta, algo de dinero y muchas esperanzas. En la mayoría de los casos ni siquiera hablaban el idioma del lugar lo que hacía este primer contacto con los habitantes locales un complejo choque cultural. En este aspecto los migrantes sefardíes tenían la ventaja. El ladino, idioma sefardí que hablaban desde la época de España y que pasó de generación en generación, es muy parecido al español, lo que le permitió a quienes lo hablaban, una comunicación más simple. Los de origen ashkenazí no tenían esta ventaja y su comunicación mientras aprendían Español era por gestos.

La mayoría de migraciones judías a Latinoamérica llegaron a México, Argentina y Brasil. Quienes arribaron a Colombia fueron una minoría en comparación pero esto no significa que hayan sido un grupo poco representativo. Es verdad que muchos de ellos no tenían a Colombia como una primera opción y llegaron a sus costas por diversas razones y algunos incluso por casualidad. Sin embargo, aquellos que ya se habían asentado en el país empezaron la tarea de traer a sus familias, cercanas y extendidas.

Uno de los factores más importantes en estas migraciones fue el apoyo familiar. Este no consistía sólo en enviar cartas al exterior y aconsejarles viajar a Colombia o en compartir consejos y experiencias de la travesía. El apoyo era total. Quienes ya se habían asentado conseguían vivienda para sus familiares (por lejanos que fueran) y no era extraño que los alojaran en sus propias casas. Así mismo les daban trabajo para que pudieran tener una forma de manutención.

Es así como aunque estos judíos llegaron sin abundancia de recursos económicos no llegaron desamparados. El apoyo que obtuvieron de quienes migraron primero fue vital para su subsistencia y consecuente asentamiento en Colombia.

Aparte de "BOGOTÁ EN EXPANSIÓN: DESARROLLO DE LA COMUNIDAD JUDÍA EN LA CAPITAL EN EL SIGLO XX" por Vivianne Tesone Milhem publicado en "Los judíos en Colombia", 2011.

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