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Thatcher, amiga de Israel

El Pais - España 2013-04-08
David Alandete**

Bajó del avión, en Tel Aviv, vestida de azul, uno de sus colores favoritos, el 25 de marzo de 1986. Un pequeño paso para una dama de hierro, el inicio de toda una nueva era de relaciones entre Gran Bretaña e Israel para el futuro. No era su primer viaje al país. Ya había estado aquí en dos ocasiones, como legisladora. Pero era la primera vez en que un primer ministro, jefe del Gobierno británico, lo visitaba, 38 años después de que David Ben Gurion declarara su independencia del mandato de Gran Bretaña.

Hoy, es como si no hubiera pasado el tiempo. Su discurso podría haberlo pronunciado Barack Obama en su primera visita como presidente a Jerusalén, el mes pasado. “Espero que seamos capaces de explorar juntos los pasos prácticos que se pueden tomar para crear confianza donde ahora hay recelo y sospecha, y discutir, también, vías en las que se pueda restaurar el empuje de las negociaciones para una paz duradera, dijo Tatcher. En 27 años, poco han cambiado las cosas.

En el día de su muerte, este lunes, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu la ha despedido como “una sólida amiga de Israel y del pueblo judío. El presidente Simón Peres, ha dicho: “Era una amiga verdadera y dedicada de Israel, que estuvo de nuestra parte en tiempos de crisis, empleando su influencia para ayudarnos a intentar hacer la paz.

Es cierto, Thatcher lo intentó, antes de Olso y la hoja de ruta. Por un lado hizo gala de un decidido sionismo, y un apoyo al pueblo judío y al Estado de Israel como no se habían visto en otros políticos conservadores británicos antes que ella. Por otro, defendió una visión práctica que le llevó a pedirle a los líderes israelíes que estuvieran dispuestos a ceder tierra a cambio de obtener la paz.

Lo que ahora es la postura ortodoxa de Gobiernos conservadores en todo el mundo respecto a Israel y sus vecinos, lo que incólumemente defiende la derecha desde el Capitolio norteamericano a los parlamentos europeos, fue, antes que nada, una parte central de la política exterior del thatcherismo, fuerte en ideología. Según escribe el más destacado biógrafo de la dama de hierro, John Campbell:
"Ella consideraba a Israel -como Sudáfrica- una parte esencial de Occidente: la única democracia verdadera en la región, con una economía emprendedora y próspera, rodeada por vecinos hostiles y amenazada por el terrorismo palestino. Su instinto era clasificar a la OLP como el IRA o el CNA como organizaciones terroristas que deberían ser tratadas como parias internacionales hasta que abjuraran del resorte a la violencia.

No siempre le resultó fácil. La historia compartida de Gran Bretaña e Israel era conflictiva. En un principio Thatcher prometió que jamás le daría la mano a Menachem Begin, primer ministro de Israel entre 1977 y 1983. El motivo: Begin era el líder de la organización paramilitar Irgun, que en 1946 bombardeó el hotel King David de Jerusalén, sede administrativa del mandato británico en Palestina. Murieron 91 soldados británicos. Pero Thatcher hizo como Gran Bretaña. Dejó el pasado en el olvido, reconoció lo que entendía como la realidad del momento y finalmente le estrechó la mano a Israel y a Begin, cuando este la visitó en Downing Street en 1979.

En el Gobierno, Thatcher siempre defendió en secreto que el peor escollo para la paz, en la parte israelí, era la expansión de asentamientos de colonos judíos en Cisjordania, alentada por el propio Begin. “Cuando hay un problema, parece ser que los israelíes se anexionan lo que quieren, le llegó a decir a Caspar Weinberger, Secretario de Defensa de EE UU, en 1984. Ronald Reagan cedió ante Thatcher en muchos asuntos, pero no en el de Israel. Según escribe el biógrafo Campbell:
“A pesar de su admiración instintiva por Israel y la dependencia sustancial del voto judío en [su distrito electoral de] Finchley, se dio cuenta de que no habría una fuerte presión sobre Israel para negociar, siempre que las sucesivas administraciones estadounidenses estuvieran aterrorizadas ante la posibilidad de ofender al poderoso grupo de presión judío estadounidense. Así se lo dijo a los estadounidenses, con su franqueza habitual, pero esta era un área en la que no la escucharon.

Tras apearse del Gobierno, después de una amarga revuelta en su propio partido, Thatcher recogió en su autobiografía lo que creía que era el problema, en la parte israelí, para lograr un compromiso con la paz:
“Sólo anhelaba que el énfasis de los israelíes en el tema de los derechos humanos [de los judíos rusos a los que no se les permitía emigrar a Israel] se viera igualado por una adecuada apreciación por el sufrimiento de unos palestinos sin tierra y sin Estado.

Ahora, que se cumplen 65 años de la independencia de Israel, los problemas, las divisiones, que le preocupaban a Thatcher siguen vigentes, casi intactos. Ahora que ella ha fallecido son otros líderes los que se deberán preocupar por resolverlos. Harían bien, sin embargo, si tuvieran en cuenta sus lecciones.