Medio Oriente

Domingo, 26 de Marzo de 2017

7/9/2011 (El Pais España)

Francia califica de crímenes contra la humanidad la represión siria

El ministro de Asuntos Exteriores francés, Alain Juppé, ha calificado de "crímenes contra la humanidad" la represión sangrienta que el régimen sirio de Bachar El Asad acomete contra las manifestaciones de protesta. "La manera en que se reprimen con sangre estas manifestaciones no es aceptable. Y puede constituir materia de condena por parte de una resolución de Naciones Unidas. Y esto será materia de discusión en los próximos días y semanas". Es la primera vez que un dirigente occidental llega tan alto a la hora de criticar la represión de El Asad. Juppé, además, eligió cuidadosamente el momento y el lugar: hoy y Moscú, ante el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov. Rusia, miembro permanente -como Francia- del Consejo de Seguridad de la ONU, pero aliado histórico de Siria, al que le provee, entre otras cosas, de armas, bloquea desde hace meses una resolución de Naciones Unidas que condene y castigue a El Asad.

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De hecho, las palabras de Lavrov fueron mucho más tibias y ambiguas que las del ministro francés: "La prioridad ahora consiste en entablar un diálogo y negociaciones entre las partes. Pensamos que incitar a ciertas fuerzas de la oposición al boicot de este diálogo es un camino peligroso que tendería a repetir lo que ha pasado en Libia, cosa que ni Francia ni Rusia quieren".

Mientras, la represión siria prosigue: diversos grupos opositores han denunciado la muerte de al menos diez personas a manos del ejército de El Asad. La mayoría de estas muertes se han producido en la ciudad de Homs, en los alrededores de la mezquita de Jaled Ibn Walid, en el barrio de Jalediya, donde también se han registrado decenas de heridos, según el Observatorio sirio de Derechos Humanos (OSDH), informa Efe desde El Cairo. Se han sucedido los disparos, las carreras de las ambulancias y las detenciones indiscriminadas, según explican estos grupos de oposición.

Las firmes palabras de Juppé en Moscú dan fe del viraje de la política exterior francesa con respecto a la denominada Primavera Árabe. A principios de año, cuando la ministra de Asuntos Exteriores francesa era Michèlle Alliot-Marie -criticada por su amistad con un miembro relevante del clan del dictador tunecino Ben Ali- Francia destacó por su excesiva prudencia cuando no tácito apoyo a las dictaduras mediterráneas en virtud de sus relaciones económicas y la pretendida salvaguarda que estas dictaduras ejercían contra el terrorismo. Pero Nicolas Sarkozy decidió cambiar el rumbo.

Alliot-Marie fue sustituida en febrero por Alain Juppé y la diplomática francesa pasó de último de la fila a primero de la clase: Francia reconocía antes que nadie al brazo político de los insurgentes libios, el CNT (Consejo Nacional de Transición), y el tres de marzo, El Elíseo acogía la cumbre de países coaligados que, bajo mando de la OTAN, se comprometía a ayudar militarmente a la disidencia libia mediante ataques aéreos. El mismo Sarkozy anunciaba solemnemente desde París al mundo el inicio de los bombardeos. La semana pasada, Sarkozy también acogió la cumbre de países organizada para diseñar el futuro de Libia sin Gadafi.

 

 


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