Primavera Árabe

Domingo, 26 de Marzo de 2017

19/6/2013 (BBC Mundo)

Una guerra sectaria regional

Jonathan Spyer

Los últimos acontecimientos en Irak confirman la medida en que la guerra civil siria ha desbordado sus límites.

Cerca de dos mil personas han muerto, desde abril, como resultado de la violencia sectaria en Irak. Muchas de las muertes han sido producto de atentados con bombas perpetrados por la organización "Estado Islámico de Irak" - la franquicia iraquí de al-Qaida.
El repunte de la violencia en Irak, en los últimos meses, está relacionado con una serie de factores precipitados por los acontecimientos en Siria.

En primer lugar, la población sunita de Irak nunca ha estado dispuesta a aceptar el dominio de facto de la población chií. Los chiíes constituyen la comunidad más numerosa del país y, en consecuencia, su hegemonía está asegurada en la medida que Irak se mantenga unido y los gobiernos estén basados en el mandato popular.

Pero, es difícil exagerar el grado en que el dominio chií resulta antinatural e inaceptable para los sunitas, que han dominado al mundo árabe parlante durante siglos.

El nuevo ascenso chií no ha sido simplemente de naturaleza simbólica. En los últimos años los sunitas iraquíes han sido víctimas de la discriminación en el mercado laboral, la vivienda, la educación y otros ámbitos de la vida. El gobierno del primer ministro Nuri al-Maliki, por su parte, se embebió de un estilo triunfalista. Maliki se jacta de haber aplastado al "terrorismo" de la insurgencia suní.

El vicepresidente sunita, Tareq al-Hashemi, se vió obligado a huir a la autonomía kurda del norte del país, tras ser declarado culpable de organizar el asesinato de sus rivales políticos.
En los últimos años, la dominación chií parecía ser un hecho consumado.

Ya no. La revuelta de los sunitas sirios ha energizado a los sunitas en Irak. En consecuencia, los elementos jihadistas de Irak, consideran evidentemente que es un momento oportuno para recomenzar sus operaciones.
En segundo lugar, la frontera que separa a Irak de Siria está pobremente mantenida. Las provincias iraquíes de Anbar y Nínive - centros de la insurgencia suní contra los estadounidenses (desde el 2003), lindan con ella. Las tribus sunitas a ambos lados de la frontera están estrechamente vinculadas por lazos familiares. Se trata de un terreno ideal para fomentar la revuelta, la transferencia de armas y hombres a través de la frontera se consigue fácilmente.

Los combatientes jihadistas suníes, están cruzando actualmente, en ambas direcciones, en números cada vez mayores. En marzo pasado, cincuenta y un soldados sirios murieron en un incidente en territorio iraquí. Esta ha sido la primera señal de que la guerra cruzaría la frontera junto a los jihaditas.
Por otra parte, los sunitas están respondiendo en gran medida a una realidad existente: los chiís iraquíes ya están metidos en la guerra siria - luchando en favor del régimen.
Aunque el primer ministro Maliki insiste oficialmente que Irak es neutral en la guerra de su vecino; Bagdad ha permitido que su espacio aéreo y su territorio se utilicen para el transporte de armas de Irán a Siria.

Irak está cada vez más alineado con Irán. En este sentido, no son sólo los sunitas los que cruzan la frontera para combatir. Un número creciente de paramilitares chiís iraquíes está haciendo lo mismo - para luchar a favor del presidente sirio Bashar Assad.

Los miembros de la milicia Jaish al-Mahdi de Muqtada al-Sadr han sido observados en los últimos días dirigiéndose hacia Siria. Ellos se están sumando a las ya activas milicias iraquíes chiís Ahl al-Haq y Kataib Hezbollah.

Entonces, ¿qué significa toda esta sumatoria de eventos? La realidad emergente pone al descubierto la extrema debilidad y el futuro cuestionable de tres Estados que constituidos sobre una franja única de tierra contigua - es decir, Siria, Líbano e Irak. Todos sufren del mismo problema: la existencia dentro de sus fronteras de comunidades sectarias rivales con objetivos irreconciliables. Mientras tanto, las comunidades rivales mantienen lazos organizativos y sentimentales a través de fronteras estatales débiles y porosas.
La guerra en Siria se ha desarrollado a lo largo de líneas sectarias claras desde un principio - su nacimiento tuvo lugar en la región sunita conservadora de Deraa, mientras que la revuelta armada surgió en el empobrecido norte rural sunita.

La rebelión fue desafiando a la elite no-sunita alineada con Irán.
El estallido de la guerra sectaria en la antigua Siria, dominada por los alauitas, sirvió para romper el equilibrio sectario en los dos Estados vecinos. En cada uno de estos - al igual que en Siria - los no-sunitas eran dominantes en el período anterior a la irrupción de los combates en Siria.

En el Líbano, el movimiento Hezbollah, alineado con Irán, tenía la sartén por el mango. En Irak, el gobierno liderado por los chiís, se encontraba en proceso de acercamiento a Teherán.
La revuelta siria creó la posibilidad de un desafío sunita real tanto en Irak como en el Líbano.
Los radicales sunitas envalentonados están cooperando a través de fronteras. Esto tal vez puede presenciarse más claramente en las campañas paralelas de los grupos vinculados a al-Qaeda - Jabhat al-Nusra en Siria y la organización Estado Islámico en Irak.

Pero también se hace evidente, por ejemplo, en los ataques de los rebeldes sirios contra objetivos pro-Assad - incluyendo el sur de Beirut, controlado por Hezbollah, las batallas de larga data entre los opositores y partidarios de Assad, en la ciudad libanesa de Trípoli, y el ataque aéreo de Assad recientemente sobre la ciudad libanesa de Arsal, que apoya a los rebeldes.
Precisamente, la revuelta sunita en Siria ha desatado conflictos paralelos en el Líbano e Irak. De hecho, lo que está sucediendo se parece cada vez más a una sola guerra (sectaria).

 

 


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