Medio Oriente

Domingo, 26 de Marzo de 2017

26/8/2011 (El Pais España)

Gadafi

Carlos Alberto Montaner

Gadafi ha sido el dictador islámico más cercano a América Latina y uno de los más perniciosos. Su relación con Hugo Chávez es muy estrecha. Esto acaso explica que la residencia del embajador venezolano en Trípoli, Afif Tajeldine, fuera saqueada. Probablemente los asaltantes buscaban pruebas de las complicidades entre los dos coroneles. No lo que se conoce, sino los presuntos pactos ocultos. Los síntomas apuntan en esa dirección.

Sin embargo, no es la primera vez que algo así ocurre. En 1992, Gadafi ordenó a sus partidarios que asaltaran y quemaran la embajada venezolana en Libia para vengar las sanciones impuestas por la ONU contra el país por su negativa a entregar a unos terroristas que habían destruido un avión de Pan American. En ese momento el Dr. Diego Arria, diplomático venezolano, presidía el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

A los libios antigadafistas sin duda les molestaba que el "Hermano Líder", como se hace llamar este peligroso psicópata, le hubiera dado el nombre de "Hugo Chávez" a un campo deportivo, o que le hubiese otorgado el Premio de Derechos Humanos que lleva su nombre al venezolano. A cambio, Chávez le entregó una réplica de la espada de Bolívar.

El prontuario criminal de Gadafi es de los peores de la historia. Como en Cuba, creó Comités de Revolucionarios para espiar a quienes no se le sometieran. Además de robarse el patrimonio de los libios, ha asesinado adversarios dentro y fuera de Libia. Sus sicarios han sacado a decenas de opositores de los hospitales para torturarlos. Dado que tenía ínfulas de líder mundial se alió a Egipto y a Siria para tratar de destruir a Israel, pero luego atacó a Egipto y, en su momento, le hizo la guerra a Chad y a Tanzania. Dentro de ese esquema expansionista, redactó un elemental panfleto fascistoide, al que tituló Libro Verde, con el que pensaba cambiar la historia política de la especie, y creó todo un Ministerio para predicar e imponer sin clemencia su ridículo evangelio urbi et orbi.

Asimismo, fundó un Centro Revolucionario Mundial en el que se formaron (o deformaron) asesinos como el liberiano Charles Taylor y Jean-Bedel Bokassa, el megalómano que se proclamó emperador de África Central. Simultáneamente, financió grupos como el IRA y las Brigadas Rojas de Italia, mientras mantenía los más estrechos vínculos con las narcoguerrillas de las FARC.

Este breve recuento, que podría extenderse casi sin límites, tiene un objetivo: señalar la retorcida textura moral de los amigos de este sujeto en América Latina. ¿Cómo es posible que el presidente de los ecuatorianos, Rafael Correa, sea capaz de defender a este tirano con la peregrina teoría de que su gobierno es sólo otra expresión distinta, pero legítima, de las formas de gobierno? En inglés llaman "litmus test" a una pregunta cuya respuesta define la verdadera posición moral o intelectual de la persona. Pues bien, Gadafi es eso para los latinoamericanos: un litmus test, una prueba determinante. Podemos presumir cómo es el carácter y la estructura de valores de quienes lo aprecian y defienden.

Es tristemente cierto: dime con quién andas y te diré quien eres.

 

 


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