Terrorismo

Domingo, 26 de Marzo de 2017

27/2/2013 (El Pais- Cali)

Acuerdo censurable

Marcos Peckel ***

El 18 de Julio de 1994, un camión bomba conducido por un terrorista suicida se acercó al edifico de la sede central de la comunidad judía argentina, Amia, y explotó a unos pocos metros destruyendo la edificación, asesinando a 85 personas e hiriendo a centenares, en el peor atentado terrorista en la historia de Argentina.

Desde entonces las investigaciones por lo ocurrido han sufrido toda suerte de tropiezos, testigos falsos, desvíos intencionados y deseos de ‘echarle tierra’ al asunto. Hasta que apareció en escena el valiente fiscal Alberto Nissman, quien en 2006, tras una minuciosa investigación, publicó un informe inculpando a la organización shiíta libanesa Hezbollah de responsabilidad en el crimen y al gobierno de la República Islámica de Irán de cómplice, financiador y facilitador. En 2007 la Interpol por solicitud del gobierno argentino de Néstor Kirchner, quien se refirió a la impunidad en el caso Amia como “una desgracia nacional”, emitió órdenes de captura internacionales contra funcionarios del gobierno iraní, incluyendo al actual ministro de Defensa, Ahmad Vahidi. Este último, haciendo uso de su inmunidad diplomática visitó Bolivia en junio de 2011 y fue sumariamente ‘invitado’ a abandonar el país, ante las protestas argentinas.

Dos años antes del atentado a Amia, la Embajada de Israel en Buenos Aires había sido víctima de un ataque similar que dejó 29 muertos y cuya investigación languidece sin haber producido resultados.
El caso Amia se agrega a otros atentados terroristas que implican a Hezbollah y a sus patrocinadores en Teherán. Hace un par de semanas la Justicia búlgara acuso a la organización shiíta de estar detrás del ataque terrorista contra un bus de turistas israelíes en Burgas que dejó un saldo de 7 muertos y varios heridos. La Justicia india acusó a agentes iraníes del atentado que sufrió en Delhi la esposa del embajador de Israel en 2012.

El mismo Hezbollah, que siguiendo órdenes de los Ayatolás en Teherán apoya con armamento y combatientes al régimen genocida de Al Assad en Siria.

Irán, a pesar de las evidencias y las acusaciones formales, ha negado toda conexión con el caso Amia y se ha negado reiteradamente a colaborar con las autoridades argentinas.

Por lo anterior y para sorpresa de todos, a instancias de la pasada Asamblea General de la ONU el canciller argentino, Héctor Timmerman, comenzó negociaciones con su par Iraní, Ali Akbar Salehi, en las que se acordó el establecimiento de una ‘Comisión de la Verdad’ para investigar el atentado a la Amia. Argentina, cuyo sistema político es de los más disfuncionales del Continente, está de un tajo engavetando la investigación que hizo el fiscal Nissman, a cambio de solicitar a los sindicados del crimen que “por favor ayuden a esclarecer esto”.

El teocrático régimen en Teherán no tardó en celebrar el acuerdo como una derrota de los “sionistas”. El olor a impunidad le “arregló el día” a los inculpados. El acuerdo constituye una vergüenza continental, una rendición incondicional del Estado argentino a presiones económicas, políticas y diplomáticas de un régimen que excluye a las mujeres, cuelga a los homosexuales, persigue a minorías religiosas, fomenta el terrorismo y que desesperado busca salir de su aislamiento internacional causado por su programa bélico nuclear.

De la mano de Chávez, Irán puso un pie en nuestro Continente. Ahora con el apoyo de una Cristina que enfrenta una grave crisis económica producto de su propia incompetencia, está buscando enterrar a la Justicia por un puñado de petrodólares contaminados.

 

 


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