Mundo Judío

Lunes, 27 de Marzo de 2017

18/8/2011 (veghazi.cl)

FE Y RAZÓN EN EL PENSAMIENTO JUDIO

Filón, representante principal de los judíos helenistas, creía en dos fuentes de verdades: la religión y la filosofía; o con otras palabras, la revelación y el razonamiento. Según su opinión, la fe y la razón no son contradictorias, pues los preceptos de la Biblia son sumamente razonables. Existe una especie de Ley Superior, no escrita y natural: la Biblia la revela, pero también la razón hubiera podido descubrirla.

En sus voluminosas obras, Filón trató todos los aspectos del conflicto entre el judaísmo y el pensamiento griego, a fin de llegar a una filosofía que en sus elementos esenciales habría fijado la pauta durante los dieciséis siglos próximos en el pensamiento filosófico entre judíos, musulmanes y cristianos. En la síntesis de Filón, la filosofía comienza con un preámbulo de fe, pero la sustancia final de la fe es la filosofía. Pone los dos mundos del pensamiento el uno junto al otro, y los junta de modo tan cabal, que nos parecen formar uno solo. En concordancia con el desarrollo cultural tanto la filosofía helénica como la fe judía quedaron modificadas de modo fundamental y surgió una nueva creación espiritual, el judaísmo filosófico, en el cual se amalgama el fervor místico, el análisis intelectual y la lealtad a la tradición. La piedad en las obras de Filón carece de la simplicidad de los rabinos y maestros contemporáneos, pero es polifacético y bella, poética y profunda, e inserta tanto el racionalismo de los modernistas como el misticismo de los jasidim.

Filón intentó y logró afirmar, que las leyes mosaicas en cuanto a propósito y función de los ideales de los filósofos, están destinadas a preparar a los seres humanos para la adquisición de todas las virtudes éticas.

La piedad y la fe en Dios se expresan en el estudio asiduo de la Ley, en la plegaria y en los hechos de lo humano, dándose cuenta de que el hombre no es autosuficiente si está solo, y que depende por completo tanto moral como físicamente de Dios. Filón desplazó la idea del hombre en sí mismo, por el hombre ante Dios y con Dios. Declaró que el filósofo puede servir a Dios mediante la meditación silenciosa. Si bien los numerosos preceptos del judaísmo constituyen otros tantos auxilios para alcanzar la vida plena, su propósito supremo consiste en elevar el alma humana al estado de la unidad ética con Dios.

Filón puede ser considerado como uno de los sabios auténticos más importantes del judaísmo, que utiliza de las armas de la filosofía en defensa de su fe.

Maimónides. en cuya filosofía, el racionalismo judío recibió su elaboración clásica. En su gran obra filosófica «More Nevujim - Guía de los perplejos», sostiene la idea fundamental que la fe pura y el razonamiento puro concuerdan perfectamente entre sí.

Ambos reconocen que existe un solo Dios, de quien proviene toda la Creación y los dos aspiran a llevar al hombre a la perfección más completa. Y ya que la verdad de la fe y la verdad de la inteligencia coinciden, en lo que atañe a la primera causa y a la última finalidad, deben concordar en muchas cuestiones que se plantean entre ambos extremos.

El «More Nevujim» obtuvo una enorme celebridad. Lo estudiaban judíos, árabes y cristianos, éstos últimos en latín. Esta obra presenta una notable síntesis del judaísmo y del aristotelismo, o mejor dicho, el judaísmo y el aristotelismo neoplatónico.

Como curiosidad mencionamos, que cuando Tomás de Aquino tuvo que defender las verdades de la cristiandad contra las enseñanzas erráticas de los averroistas, la obra de Maimónides le brindó, en algunos aspectos, el método más adecuado para lograr una síntesis entre Aristóteles y la Biblia.

La literatura filosófica de los siglos XVII-XVIII demuestra el persistente interés, que seguían suscitando los conceptos filosóficos de Maimónides.

Baruj Spinoza, nutrido en fuentes rabínicas y en la tradición filosófica del judaísmo, y cuya vida reflejaba las exigencias y las experiencias de la vida judía, especialmente de la cabala, combinó con su asombroso genio el fervor profético de un Isaías y la lógica y la digna objetividad de un Aristóteles. Según él, el propósito de la vida es, descubrir y enseñar las verdades, merced a las cuales los seres humanos pueden vivir y alcanzar la beatitud, además de mejorar el entendimiento entre sí elevar la dignidad de la persona humana, traer la tranquilidad y bienestar espiritual de la paz filosófica y la alegría del amor de Dios para los hombres cargados de supersticiones y afligidos por las dificultades de la vida, y poner las bases de una sociedad ideal en la que el espíritu humano libre de ataduras podrá alcanzar su verdadera estatura. Dedicó su genio a la elevación del «hombre» en todo sentido. Fue uno de los principales arquitectos de la mentalidad moderna y de la sociedad secular moderna. Sus obras, el «Tractatus» y la «Etica» son comentarios sobre los escritos de los grandes maestros judíos e insisten en una revolucionaria revisión positiva de la tradición, en la que nutrió su mente.

En su prefacio al Tractatus expresa sus argumentos para comprobar que la libertad religiosa es indispensable para la auténtica piedad del individuo, por eso, insiste también en la primacía de un estado secular. Afirmó, que la filosofía debe ser separada de la teología. Según él, las palabras de las Escrituras Sagradas son humanas, absolutamente humanas, inspiradas por Dios, aceptando con entusiasmo el dicho rabínico: «La Tora habló en el lenguaje de los seres humanos». Según Spinoza, la esencia de las Escrituras es el mandamiento de amar a Dios y amar al prójimo; amar a todos los seres humanos. Insistió en que la centralidad en la vida ritual había sido un error. La Biblia es como cualquier otro gran libro, es humano en su estrechez nacional y divino en su universalidad.

Introduce, divulga y subraya un nuevo concepto básico, el «Amor intelectual de Dios», que surge de dos fuentes: conocimiento y conciencia humanos.

Subraya que «las Escrituras trajeron un consuelo muy grande a la humanidad»; un consuelo que la razón pura no habrá podido producir con sus propios recursos. Sin embargo, escribe, hemos de hacer uso de nuestra razón, a fin de comprender con una certeza moral lo que la biblia ha sido revelado. En este concepto de «certeza moral» como fuente de conocimiento, Spinoza anticipó la tesis que el gran filósofo del humanismo, Immanuel Kant habría de desarrollar con insuperable brillantez, un siglo más tarde.

Enseña que todos los sentimientos del hombre son o activos y gozosos, o pasivos y penosos, pues sentimos placer cuando se realza nuestra vitalidad, y sufrimos dolor cuando ella disminuye. Ahora bien, Dios está en toda actividad pura y alegre del hombre.

«Aquel que se comprende a sí mismo y comprende sus emociones clara y distintamente, ama a Dios y lo ama aún más, cuanto más va comprendiéndose a sí mismo y sus propias emociones». De modo que cuando el hombre adora a Dios permitiendo que la razón domine todas sus emociones y sentimientos; llega a la gozosa aceptación de la voluntad divina y reconoce con toda su alma la majestuosidad de Dios.

Cuando el hombre aprende a deleitarse de la austera pureza de la razón y a estremecerse por la alegría de la rendición total a la voluntad divina, comienza a vivir momentos en que goza la «bienaventuranza», que no es la recompensa de la virtud, sino es la virtud misma. El hombre aprende a amar a Dios por Dios mismo, sentir, vivir y gozar del amor intelectual de Dios. Las ideas y obras de Spinoza le aseguraron un sitio de honor en la historia de la filosofía de Occidente.


II
EL LEGADO FILOSÓFICO DE FILÓN, MAIMONIDES Y SPINOZA

El legado filosófico de Filón, Maimónides y Spinoza sirvió como ejemplo y orientación a los filósofos judíos modernos de Alemania. Filón intentó entrelazar y unir en idioma griego a Moisés (la Tora) con Platón, y eso sirve como punto de partida para los filósofos medievales, y especialmente para la filosofía y teología de los Padres de la Iglesia. Maimónides estableció la unión (en árabe) entre Aristóteles y la religión judía, y contribuyó al desarrollo de la alta filosofía escolástica. Cuando terminó la Edad Media, Spinoza colocó las bases de la filosofía moderna en latín, incorporando en ella mucho de la Biblia y preparó el camino para los filósofos judíos del siglo XIX de Alemania. Ellos, a su vez, continuaron el trabajo en alemán, creando una filosofía moderna, cuyas raíces se encontraron en el judaísmo antiguo. Moses Mendelssohn, Hermann Cohén, Franz Rosenzweig y Martín Buber son los más conocidos en este camino, pero había muchos más quienes investigaron la relación entre la razón y la fe, sin negar la importancia de la una ni de la otra.

Moses Mendelsson era el primer filósofo judío-alemán. Siguió las huellas de Leibnitz, quien conoció y admiró a Maimónides, en cuya síntesis de la fe y la razón encontró una concepción afín a su propio pensamiento.

Según Mendelssohn, las ideas básicas de la religión - la existencia de un Dios personal y la inmortalidad del alma individual - son un patrimonio universal de la humanidad, por virtud de su racionalidad. No es necesario esperar, que una revelación las anunciara, puesto que se hallan manifiestos en todo tiempo y por doquier. Según su frase célebre, el judaísmo no es una religión revelada, sino una ley revelada.

La importancia de Mendelssohn, como apóstol de la tolerancia religiosa, es considerable. El cree en la constancia y en la inmutabilidad de la razón -frente a Lessing-, quien insiste en la naturaleza dinámica de la razón, considerando que en el proceso histórico se manifiesta la plenitud de la razón.

Mientras Mendelssohn a veces admite la naturaleza dinámica de la razón y acepta la opinión de Lessing, sigue siendo seguidor fiel de Maimónides, máximo representante de la tradición humanista medieval del judaísmo, e insiste que la religión es un asunto de la mente y del corazón. No debe tener ninguna relación con propiedades y posesiones, y en ninguna circunstancia debe recurrir a los métodos de compulsión. La tarea de la religión es: inspirar, enseñar, fortalecer y consolar. Moses Mendelssohn puede considerarse simultáneamente discípulo del pensador judío del Medioevo y de los racionalistas de su tiempo. Además, demostró en sus escritos que la religión no tiene por qué ser una fuerza que divida a los hombres.

Salomón Maimón es el primer kantiano judío; sin embargo el más importante representante del neokantinismo es Hermann Cohén, mientras Rosenzweig y Buber son represantes de la filosofía existencialista, también basados «en las fuentes del judaísmo».

«Die Religión der Vernunft aus del Quellen des Judentums - La religión de la razón en las fuentes del judaísmo» - es la obra más importante de Hermann Cohén, desde el punto de vista judío. Es una gran contribución para la teología judía moderna. Aunque Cohén era liberal, aceptó y afirmó el valor y el significado de la tradición y la ley judías. Para él, la «mitzva» significa tanto «ley» como «deber». La ley se originó en Dios y el sentido del deber en el hombre. La ley es al mismo tiempo deber, y el deber es, al mismo tiempo, ley. Dios dicta los mandamientos para el hombre y el hombre es quien por su propia y libre voluntad los acepta y cumple con ellos contribuyendo a la formación del Reino de Dios aquí en la Tierra. En esta forma, la ley bíblica conduce hacia la idea mesiánica de la humanidad.

Con estas ideas, Cohén se transformó en el defensor más profundo de la ética judía. Enseña que Dios se reveló por intermedio de sus exigencias morales y es el profeta judío, quien la comprendió en la mejor forma y por intermedio de la Biblia, las divulgó para toda la humanidad.

Toda empresa que quiere penetrar en el campo ético, sin reconocer la intervención de Dios, está despojada del principio y de los pensamientos valiosos. En la gran obra ética de Cohén del año 1904, la idea de Dios está introducida como el puente que vincula las ciencias naturales con la moral.

Cohén insiste en el uso del idioma hebreo en el servicio religioso y también en la formación de una terminología diferente en la filosofía y teología judías, porque los términos usados en el cristianismo no cubren el sentido literal del judaísmo. Como ejemplo menciona que la palabra «uno -ejad» no logra expresar la unicidad de Dios; lo mismo se puede decir con respecto a la palabra «pastor», «redentor», etc.

Hermann Cohén sintetiza la importancia del judaísmo para el progreso religioso de la humanidad en esta forma:

La característica del judaísmo consiste en que destaca no sólo la unidad de Dios, sino sobre todo Su unicidad; ésto es Su absoluta diferenciación de todas las criaturas. Así se rechaza el panteísmo (sistema de aquellos que identifican a Dios con el mundo).

En el judaísmo el hombre se coloca directamente frente a Dios. No se requiere intermediario alguno, sea un sacerdote o un agente de Dios (ángel, santo, etc.).

Hay en el judaísmo una indisoluble relación entre el conocimiento y la creencia. El estudio es un deber religioso sagrado. De ahí que el judaísmo no conoce conflicto alguno entre la fe y el conocimiento. El conocimiento y la creencia no se contradicen entre sí; pertenecen a distintos campos del raciocinio. La presunción de que existe un conflicto irrecon­ciliable entre el conocimiento y la creencia se origina general­mente de un concepto erróneo acerca de la naturaleza de la fe religiosa
No se deben borrar las distinciones entre la fe y la razón. Sus métodos e inquietudes son diferentes. Su separación, sin embargo, no puede ser la última palabra. Sus métodos pueden diferir, pero el hombre que los aplica, es el mismo.
La insistencia del judaísmo sobre la libertad y la responsabilidad moral del individuo y el rechazo del concepto del pecado original.
El concepto de que la historia tiene una dirección y una meta: la futura unidad mesiánica de la humanidad.

Cohén insiste en la posición de un filósofo idealista: la cultura es la creación del espíritu humano por sí solo. La razón es autónoma. La revelación tiene el mismo valor como la verdad, a la cual se llega por el razonamiento. La razón proviene de Dios, es la razón creada. En el primer período de las actividades de Cohén, la razón no pudo encontrar un sitio para la fe. Ya en el libro citado, la fe es la que engloba a la razón como parte de sí misma.

Cohén hace diferencia entre el prójimo y el vecino y así coloca las bases de la «filosofía del diálogo», aceptada y divulgada por Rosenzweig, y todavía mucho más por Buber.

Para dar una orientación muy necesaria en la actualidad, citamos una enseñanza de Cohén: «El hombre debe mantenerse entre los límites que Dios le ha dado y no quiera ser superhombre y aún menos sobrehumano. El hombre nunca podrá ser Dios, intente ser hombre, y sea hombre en todos sus actos».

Por falta del espacio no podemos entrar en la filosofía de Rosenzweig y Buber; además, hay una amplia literatura al respecto. Mencionamos que ambos insistieron en la necesidad del fortalecimiento de la cultura judía. Según su opinión, la cultura debía significar para el judío algo más cualitativo, diferente a lo que la cultura significa para otras naciones y religiones. Para el judío, «aprender no es la mera adquisición de conocimientos; 'el aprender' comienza cuando la materia del estudio deja de ser una materia y se transforme en una fuerza interior». Cuando el judío estudia y aprende, se convierte en un eslabón más en la cadena de la tradición, aunque hubiese contribuido sólo con la más modesta comprensión o interpretación. En el judaísmo el estudio es el proceso de la perpetua autorrenovación.

Ambos estaban profundamente convencidos de la función crucial de la educación judía. Su objetivo principal era, conducir al estudiante hacia las fuentes. Para este fin, proponen la formación de una Escuela Superior para la Enseñanza de las Ciencias Judaicas. Se idea no sólo una academia dedicada a la investigación y al saber, sino también un centro para la regeneración espiritual e intelectual de los maestros judíos, con la idea de que cada maestro deberá ser un estudiante, y cada estudiante un maestro.
La obra principal de Rosenzweig, la «Estrella de Redención» concluye con las siguientes palabras: «Lejaim -Para la vida». Esta frase se convirtió en la clave de todas sus actividades, y consideró que para que el judaísmo sobreviviera, son necesarios: estudio y ley. Las leyes no son para ayer, sino para hoy y para mañana; son cambiantes y en evolución, abiertas y no cerradas. El verdadero judaísmo significa, ayudar a ser «judío» y «hombre». Estuvo convencido de que el judío moderno no puede ser sólo heredero del pasado, sino creador del futuro, lo que se alcanza con hechos y no con palabras.

Martín Buber adquirió las bases de sus conocimientos y apreciación profundos del judaísmo en la casa de su abuelo, Salomón Buber, investigador prestigioso de la literatura midráshica. Ahí el joven Martín vivió en una atmósfera de ilustración religiosa y culta. Llegó a la convicción que la esencia del judaísmo es la piedad personal, la que se manifiesta frente a Dios mediante el acto de la «teshuva», el volver y retornar a Dios, sentirse compañero y copartícipe en la interminable obra de la Creación, estableciendo con El una relación de «Yo» y «Tú». El conocimiento que el hombre posee acerca de Dios es confirmado mediante su actividad abnegada por los demás, por lo tanto no puede haber división entre la religión y la ética. La relación del hombre con Dios queda incorporada en su relación con sus semejantes, incluso con todas las cosas. La relación entre hombre y hombre debe ser «Yo» y «Tú» y nunca «Yo» y «El», la que puede regir también la relación entre el hombre y las cosas. La relación Yo y Tú es una relación de reciprocidad de persona a persona, de sujeto a sujeto, una relación de reciprocidad y mutualidad que prepara y comprende el encuentro. La relación Yo y El designa la conexión de lo individual con la cosa, de sujeto a objeto, que comprende alguna forma de utilización, dominación o control. Hasta cierto punto esta relación es unilateral y pasiva, la que no puede existir en la relación Yo y Tú. Buber utiliza el término «dialogal» para describir la relación Yo y Tú. El diálogo de hombre a hombre es el hecho fundamental de la existencia humana. Toda vida real es diálogo, encuentro. Dios está presente en cada relación, en todo diálogo, para el cual es necesario un entusiasmo religioso. El hombre debe sentir la presencia de Dios en todos sus actos personales. La relación del hombre con Dios no puede ser reducida a simples actitudes espirituales, aun menos a rituales. El hombre debe santificar toda su vida cotidiana, para que pueda participar en la santidad divina, que es la seguridad para mantener la relación Yo - Tú con Dios y con Sus criaturas.

Las ideas de Buber son conocidas no sólo por el judío moderno, sino también por el hombre occidental. Buber está considerado como el filósofo judío más importante de nuestra época y ejerce notable influencia en la teología y la filosofía social modernas.

 

 


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