Mundo Judío

Viernes, 24 de Marzo de 2017

19/11/2012 (CCJC - Prensa)

COMUNIDAD HEBREA EN CUBA

Rolf Goldshmit ***


A escasos 20 metros de la esquina de la calle i con 13 en el sector del Vedado en la desgastada, pero aun majestuosa Habana, frente a una de las muchas casas semi-destruidas por el abandono del tiempo, con sus ventanas rotas, su fachada manchada y sus jardines llenos de maleza, se percibe como si fuera un oasis en un desierto la reestructurada sede del Templo Bet Shalom del Patronato de la Comunidad Hebrea de Cuba. Es una edificación muy sencilla, pero junto a las abandonadas construcciones vecinas se ve emocionalmente imponente. Consta de dos entradas. Una, bajando las escaleras a la izquierda nos lleva al ingreso modesto de las oficinas de administración de la comunidad. La otra, subiendo a la derecha, majestuosamente hacia la gran entrada de la sinagoga. No hay restricciones para ingresar a ninguna. Las puertas están simplemente abiertas. Es interesante percatarse de cómo una comunidad que estaba prácticamente extinguida, florece contra cualquier pronóstico gracias a la ayuda del Joint y otras personas, junto con el extraordinario amor y dinamismo de dirigentes locales.
Desde el mismo instante al ingresar se ve la actividad de gente caminando de un lado para otro destacándose a unos jóvenes trabajando en uno de los muy escasos, pero modernos computadores con los que se puede contar. Cuenta con una biblioteca en la que lograron recuperar casi 10.000 libros de Judaica, un gran salón en donde continuamente se preparan actividades para todos los diferentes grupos, indiscriminadamente de las tendencias de ortodoxia, además de espacios individuales para juventudes y niños. La diferencia de concepto entre Comunidad y Sinagoga se maneja con total claridad en el Patronato, pues todos comparten las actividades comunitarias independientemente de en cual sinagoga rezan. Actualmente, además del Templo Beth Shalom (movimiento Masorti), se están reestructurando adicionalmente dos sinagogas ortodoxas en La Habana, la Adath Israel y el Centro Sefaradí localizado en la Vieja Habana, zona decretada como patrimonio histórico de la humanidad.
La impecable sinagoga (otrora abandonada en ruinas) tiene una capacidad para 250 personas. En el hall, junto con todas las fotos de personajes importantes que la han visitado, se destaca enmarcada una nota firmada por Steven Spilberg expresando como comunidades como ésta lo hacen sentirse orgulloso de ser judío.
Los espacios son aprovechados al máximo. El salón principal es la sinagoga en si. El balcón, en el que originalmente se sentaban las mujeres lo convirtieron en un sector que tiene tres completos salones de clase. A la salida de estos, hay una droguería (sí… una droguería) desde la que reparten de forma gratuita medicinas donadas por organizaciones del exterior no solamente a judíos, sino a todos los cubanos que las requieran. Para mí, esa es la verdadera esencia y ejemplar sentimiento judío en La Habana.
Conocer y compartir con Hella, David, Frida y otros miembros de la Comunidad de Cuba fue por decir lo menos, una experiencia enriquecedora que me reafirmó el orgullo de ser judío.

 

 


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