Actualidad Judía

Sabado, 25 de Marzo de 2017

26/5/2012 (Nuevo Herald - Miami)

¿Qué ocultan los difamadores de Israel? RAMON A. MESTRE:

Israel acaba de cumplir 64 años. El día que nació muy pocas personas apostaban por la supervivencia del estado judío. Tras leer la proclamación de independencia David Ben Gurion confesó que lo apresaba un resquemor: “hoy no siento felicidad, sólo una ansiedad profunda, como si estuviese guardando luto durante un banquete festivo”. El líder sionista elegido jefe de gobierno en las primeras elecciones parlamentarias sabía que casi todo se conjuraba contra su país: la geografía, la avasalladora superioridad numérica de sus enemigos, la falta de apoyo material internacional, las trampas homicidas que el amo colonial británico dejó tendidas antes de marcharse. En 1948 Israel no contaba con la ayuda de Estados Unidos. Sólo contaba con la generosidad de las diásporas hebreas. El gobierno estadounidense no le brindó asistencia sustancial a su único amigo verdadero hasta la década de los sesenta.

Cuando declaró su independencia, Israel era poco más que una franja de 15 kilómetros de ancho, una estrecha llanura litoral enlazada con pequeños asentamientos agrícolas y los vecindarios del este de Jerusalén. Era un país sin fuerza aérea, sin tanques, sin artillería pesada, sometido a un embargo internacional que le impedía adquirir armamentos por vías lícitas. Su defensa dependía de un puñado de hombres con experiencia militar y miles de voluntarios.

Horas después de las palabras de Ben Gurion, invadieron Israel los ejércitos de varios países árabes apoyados por palestinos y legionarios bajo las órdenes de oficiales ingleses. Era terminante el rechazo árabe de la división de Palestina, era imposible aceptar un país para judíos y otro para árabes, la fórmula de Naciones Unidas. Los árabes decretaron el exterminio de la “entidad sionista”, el término que aún se emplea en la retórica de varios gobiernos árabes para referirse a Israel. Los invasores disponían de aviones, unidades blindadas y la convicción compartida con sus amigos en la cancillería británica. En un memorándum redactado a inicios de la guerra Ernest Bevin, el ministro de relaciones exteriores, escribió que los árabes no tardarían en aniquilar a los judíos: “Todos acabarán en el mar”.

¿Quién recuerda hoy los vaticinios de Bevin? Los israelíes derrotaron decisivamente a sus enemigos infligiéndoles la nakba, el término palestino para la “catástrofe” de 1948. Luego vendrían las nakbas de la guerra de los siete días, la contienda de Yom Kippur, la derrota de Al Fatah, el florecimiento de Israel, su fuerza creciente, su estatura como uno de los países más libres, más justos y más prósperos del planeta.

Sin embargo, pese a las victorias y las hazañas del estado judío, seis décadas después de su declaración de independencia, Israel sigue siendo el único país de la Tierra que debe enfrentarse a enemigos animados exclusivamente por la creencia de que la repulsiva “entidad sionista” no tiene derecho a existir. En el fondo, este rechazo genocida define el llamado nacionalismo palestino, la actitud hacia Israel de Irán, de casi todos los países árabes y buena parte del movimiento antisionista internacional. Transmutan la predicción de Bevin en un deseo colectivo. Lo demás es retórica confeccionada con el propósito de seducir a los que mandan en el mundo. Según la propaganda del antisionismo, Israel es el país más peligroso del Oriente Medio, el responsable de todo el antiamericanismo en el mundo musulmán, un engendro carente de legitimidad cuyo gobierno se define por sus violaciones de los derechos de los palestinos.

Para estos difamadores insistir en la creación de un estado palestino es un ardid táctico. Al igual que los invasores de 1948 están convencidos que pronto conseguirán destruir a la entidad sionista. Inclusive, si mañana Israel se retira completamente de los territorios ocupados, elimina la muralla de seguridad, derruye todos los asentamientos judíos y vuelve a hacerles a los palestinos las concesiones que éstos rechazaron en el 2000 y el 2008, sus detractores no se conformarían con gestos que van a interpretar como signos de debilidad sionista. Entonces, frente a adversarios que sólo buscan su exterminio, ¿qué debe hacer Israel? Perfeccionar su democracia, fortalecer su compromiso con el pluralismo genuino y el estado de derecho; profundizar su culto a la creatividad y la innovación. Y defenderse de sus enemigos con todos los medios a su alcance. Si acata las exigencias de sus detractores, le quedan pocas fiestas de cumpleaños.

 

 


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