Mundo Judío

Domingo, 26 de Marzo de 2017

25/12/2011 (Grieta en el Muro)

Dov Ber Bórojov - Padre de Sionismo Socialista

Dov Ber Bórojov nació el 21 de junio de 1881 en el pueblito de Zolotonoscha (Ucrania). Su padre, Moisés Aarón Bórojov, era maestro hebreo, iluminista y militaba en el movimiento Jovevéi Sión (Amantes de Sión).

Bórojov terminó el bachillerato en Poltava (Rusia Meridional), donde pasó su juventud y los mejores años de su breve pero intensa y productiva existencia. Leía mucho y ahondaba en diversas ciencias, particularmente le interesaba la filosofía. Además, le agradaba la historia, la economía política, la literatura y el arte. Tenía una memoria excepcional y una maravillosa visión.

Fue influido por diversos pensadores, desde los griegos como Platón y Aristóteles, hasta Spinoza, Hegel, Kant, Marx, Engels y otros. Pero también el ambiente en que vivía ejerció gran influencia sobre él, en especial la intelectualidad rusa, que se hallaba impregnada de las ideas liberales y revolucionarias en boga en aquellos años.

En Lekaterínoslav, donde Bórojov se radicó después de terminar la secundaria, fue atraído al aún muy joven movimiento social-demócrata ruso. También allí atrajo enseguida la atención de todos por su profundo saber, sus fundamentales conocimientos filosóficos, y, sobre todo, por la originalidad y autonomía de sus ideas. Bórojov era un marxista, pero no pertenecía a los hombres que marchaban por senderos trillados. Él veía en el marxismo una doctrina filosófica, pero en ningún modo un dogma, como lo vieron otros y lo ven hasta hoy. Él veía en la enseñanza marxista un método para comprender las fuerzas motrices que impulsan los procesos históricos de la sociedad humana. Mediante ese método trataba de entender y explicar los procesos de la historia judía, y también -por paradójico que parezca- lo que era poco claro e incomprensible en el propio marxismo. Y donde ello se manifestó en forma más clara fue en su análisis de la cuestión judía, análisis que está en absoluta contradicción con la posición adoptada por los marxistas oficiales, comenzando por Lenin y otros teóricos de esa doctrina.

Bórojov no permaneció mucho tiempo en las filas de los social-demócratas. Ellos no tenían una posición clara respecto al problema judío. Algunos rehusaban verlo, otros tenían una posición negativa. Bórojov no podía estar de acuerdo con semejante proceder. Su manera de encarar los problemas era tan amplia, que eludir una cuestión tan importante -en especial tratándose del propio yo- era imposible para él.

No está descartado que, en cierta medida, también hayan influido factores externos en el interés de Bórojov por los problemas de su pueblo. No hay que olvidar que Bórojov apareció en la arena social en una época muy difícil y amarga para la vida judía. En la Rusia zarista, donde él vivía, volvieron a recrudecer las persecuciones a los judíos, que llegaron a una triste culminación: una ola de pogromes. A la lumbre de las hogueras de los pogromes se vio con más claridad que nunca, entre los intelectuales, el trágico desamparo de los judíos en la diáspora.

El primer trabajo de Bórojov, sobre “El carácter de la inteligencia judía”, se publicó en el año 1903 en el Almanaque Sionista. Bórojov contaba entonces con apenas veintidós años. Fue ése un notable estreno, que despertó enorme interés por el joven científico. Con ese profundo análisis filosófico sobre la genialidad judía, Bórojov mismo se reveló como un genio, en todo el sentido de la palabra.

Aún en Lekaterínoslov, Bórojov hizo otro debut en la organización de la Autodefensa judía, que surgió como resultado de los pogromes. Fue éste el primer ingreso de Bórojov en la organizada y consciente vida judía. Y ello fue muy característico para Bórojov, porque vio en la autodefensa una finalidad importante, tanto desde el punto de vista judío como el puramente humano. Para Bórojov se trataba de un acto de dignidad y al mismo tiempo de revolución nacional. En esencia, ambos elementos se basan en lo mismo: en la moral humana.

Es necesario recordar que cuando los primeros poale sionistas, encabezados por Bórojov, aparecieron en la calle judía, ésta no estaba despoblada. Ya entonces ejercían su influencia, por una parte, el sionismo burgués, que sólo veía la anormalidad nacional del pueblo judío y miraba hacia el futuro Estado Judío con los ojos románticos de los Jovevéi Sión. Por otra parte, estaba el Bund que advino al mismo que el movimiento sionista y veía como única solución del problema judío la autonomía nacional-cultural. Confiaba en que todos los demás problemas se solucionarían con la liberación de la clase obrera y de la humanidad en general. El Bund ponía, por lo tanto, el acento sobre la lucha “en el lugar” y combatía no sólo la idea del sionismo sino también todo intento de política emigratoria. Muy fuerte e influyente era la doctrina del cosmopolitismo, particularmente en las filas de la intelectualidad izquierdista judía. Los cosmopolitistas pensaban que la liberación del mundo aventaría todas las nubes que oscurecen el cielo de la sociedad humana. Estaban convencidos de que en un mundo así no tendrían cabida discriminaciones como la del problema judío.

Bórojov, ante todo, veía a los judíos como un pueblo. No fue el primero ni el único que vio los hilos históricos que atan en un solo haz a las distintas minorías judías y sus diferentes clases sociales en una nación común. Pero fue el primero que, precisamente desde un punto de vista marxista, fundamentó la existencia y capacidad de vivir de la nación judía, así como fue el primero que, con el mismo método marxista, afirmó que la solución del problema nacional judío es de interés común de las distintas clases sociales. Y más aún demostró que sin un territorio propio no es posible, no sólo ninguna solución nacional del problema del pueblo judío, sino tampoco ninguna solución social seria de los problemas de la clase obrera judía. Demostró que el surgimiento de un proletariado judío que desempeñe un papel decisivo en la economía, y, en consecuencia, en la vida del pueblo, depende del territorio propio.

En su minucioso trabajo “Los intereses de clase y la cuestión nacional” dice Bórojov: “Lo más importante de las condiciones de producción material es el territorio”. Por ello vemos precisamente que, pese a los distintos intereses antagónicos, todas las clases de cada pueblo están interesadas en asegurar y desarrollar el territorio común.

En “Los obreros judíos”, Bórojov menciona: “Un pueblo sin tierra, que se encuentra despojado de condiciones de producción propias, de una base económica propia, que se halla encajado dentro de relaciones sociales extrañas, ya formadas, se convierte en forma natural en un grupo específico y solitario, al que no se le dará la posibilidad de aproximarse a la población que posee una base. A ese pueblo siempre lo acechará la competencia nacional; y no estando preparado para la lucha, impotente, sin una base económica sobre la cual sustentarse, ese pueblo se halla expuesto a una acrecentada explotación”.

Bórojov sabía que la asimilación era un problema para el pueblo judío, pero a los asimilacionistas los detestaba de todo corazón. Aborrecía a los hombres sin honra: a los que renegaban su propio yo.

Con toda justeza demostró Bórojov que, paralelamente con el proceso de asimilación, en toda la historia diaspórica del pueblo judío se desarrolla otro proceso: el del aislamiento. A los judíos, dijo, se los deja asimilar hasta cierto punto, pero cuando llegan al último peldaño de la escala social, se les dice: “¡Basta! ¡Hasta aquí nomás!”. El mundo no-judío está dispuesto a recibir al judío hasta tanto lo necesite para cumplir determinadas funciones en la vida económica, social o cultural del país. Pero apenas tiene sus propios elementos, que pueden cumplir esas funciones, el judío es aislado. Entonces de nada sirve la asimilación, y ni siquiera la conversión.

Bórojov fue el maestro, el teórico y el guía del auténtico socialismo judío. Pero decía que el socialismo no solucionaría los problemas judíos en cada país por separado, sino que la solución era la concentración del pueblo judío su propio país socialista.
A Bórojov se lo conoce fundamentalmente como al ideólogo del sionismo-socialista.

Entre la serie de trabajos científicos-filosóficos corresponde mencionar “Hacia la psicología institucional de la conciencia religiosa” y “Virtualismo”. En estas obras Bórojov demuestra ser un profundo conocedor de la psicología y de las diversas corrientes de la antigua y la moderna filosofía, desde Buda y Zaratrusta hasta Descartes, Spinoza, Feuerbach, Nietzsche y muchos otros. Y lo importante es que en este terreno, lo mismo que en el sociológico, no es meramente un compilador de las opiniones de distintos filósofos y pensadores. También aquí es original y aporta audaces pensamientos propios, sobre todo si se tiene en cuenta la época en que esos trabajos fueron escritos.

Pero lo que realmente produjo sensación fue el aporte de Bórojov en otro terreno de los valores espirituales judíos: “El idioma judío y la literatura judía”.

Hasta la edad de veintiséis años, Bórojov no conocía el Ídish. Apenas unos pocos años más tarde, en 1913, cuando no contaba más de treinta y dos años, publicó dos grandes trabajos, que sorprendieron e impresionaron a todos.

Bórojov buceó en las profundidades oceánicas de la filología y la investigación de la lengua Ídish. Cuatrocientos años de idioma Ídish, a través de todos sus procesos de creación, se encontraban tendidos ante él. Y Bórojov, que unos pocos años antes ni siquiera conocía esa lengua, ahora demostraba un excepcional conocimiento, no sólo del idioma sino también de todas las fases de su riqueza y desarrollo.

Bórojov encaró también un trabajo colosal: escribir “La historia de la literatura judía”.

Nunca tuvo años fáciles y tranquilos. Apenas se inició en el trabajo político-social le tocó probar el sabor de la cárcel zarista. Después empezó a deambular de ciudad en ciudad, de país en país. Helo aquí en Rusia, y enseguida en Galitzia, en Viena, en Bélgica, en Holanda, en Suiza, en los Estados Unidos, y por último nuevamente en Rusia. También probó el sabor de la estrechez económica. Muy a menudo carecía hasta de lo más primordial para sí y para su familia. De lo poco que ganaba, invertía la mayor parte en libros y en distintos materiales, que coleccionaba para su labor de investigación.

La casi última etapa en la vida de Bórojov fue su residencia en los Estados Unidos. Llegó allí en el año 1915, en pleno ardor de la primera guerra mundial. En ese gran país se le abrieron nuevos horizontes para desarrollar su actividad científico-literaria.

Bórojov vivía ahora en Norteamérica. Pero su corazón se hallaba inseparablemente ligado al judaísmo europeo. La indigencia en que la guerra había sumido a los judíos de Europa, sobre todo a los de la Europa Oriental, no le daba reposo. Los nuevos problemas creados colocaron a la comunidad judía de los Estados Unidos ante nuevas y responsables tareas. La colectividad debía movilizarse para socorrer a sus hermanos. Pero para que la ayuda fuera eficaz, en todo sentido, era necesaria la concentración y cooperación de todas las fuerzas del pueblo. Bórojov trajo, por ello -junto a otros dirigentes- la idea del Congreso Judío Americano. En el centro de esa idea está el pueblo, pero no sólo como portador de ayuda para los hermanos en desgracia, sino como expresión de colaboración y de común responsabilidad nacional.

En Rusia estalló la revolución de febrero. La vida en general y asimismo la judía, se hallaba frente a nuevos, grandes y fundamentales cambios. En esa hora tan decisiva quiso el partido Poale Sión ruso que su maestro y guía estuviese a su lado. Exigió que Bórojov fuera a Rusia, y él acepto el llamado. Después de todo, era también su propio llamado interno hallarse en el lugar de la revolución y estar junto al pueblo en esa hora tan trascendente.

Bórojov viajó a Rusia con su esposa, Luba, y su hijita. Pero la travesía no era fácil. Había guerra. La mujer y la hija fueron retenidas en Estocolmo. Bórojov llegó solo a Rusia en el momento más tormentoso de las revoluciones y contrarrevoluciones. Inmediatamente se puso en contacto con su partido. Se entregó al trabajo con la energía y el ardor que lo caracterizaban. Pero en el fuego de su incansable labor se consumió él mismo. Bórojov contrajo una grave pulmonía. Los compañeros estaban junto a él, querían ayudar, querían salvar a su gran maestro, pero faltaban los elementos necesarios. Había guerra y revolución. Los cercanos a él sentían que se aproximaba el trágico fin, pero se hallaban impotentes.

Y desgraciadamente sucedió lo peor. El 17 de diciembre de 1917, en un frío día invernal, el genio de Poltava exhaló su último suspiro en Kiev, cuando apenas contaba treinta y seis años de edad.

Los restos de Dor Ber Bórojov descansan en el cementerio de la kvutzá Kinéret, junto a los soñadores y constructores del Estado: Moisés Hess, Najman Syrkin, Aarón David Gordon, Berl Katzenelson y otros.

Y es preciso no olvidar todo lo que aconteció en el mundo y lo que le pasó al pueblo judío durante el tiempo transcurrido desde que Bórojov hizo su aparición en la arena de la vida institucional judía. Las más terribles guerras, las más grandes revoluciones, espantosas desgracias y horrores, de las que el pueblo judío sufrió más que nadie. Y también la máxima y más ensoñada conquista de todos los siglos y generaciones judías: el advenimiento del Estado de Israel. Pero justamente a la luz de todo eso se torna más claro y patente el valor de la contribución de Bórojov para nuestra historia moderna, y en particular para el renacer nacional, social y cultural del pueblo judío.

Cronología

1881.- El 21 de junio nace Dor Ber Bórojov en Zolotonoscha, pueblito de Ucrania, donde la familia se muda a Poltava (Rusia Meridional).
1891-1900.- Estudia en el colegio secundario de Poltava.
1901-1902.- Actúa en los círculos de la social-democracia rusa de Lekaterínoslav.
1903.- Publica su primer escrito sobre “El carácter de la inteligencia judía”.
1903-1904.- Se desempeña en el movimiento sionista del sur de Rusia.
1904.- Publica su obra: “Sión y el territorialismo”.
1905.- Se incorpora al Poale Sión, y lucha contra el Bund y los sionistas místicos o reaccionarios.
1906.- Toma parte en el congreso de Poltava y escribe: “Los intereses de clase y la cuestión nacional”; organiza el partido Poale Sión en Rusia, redacta su órgano, elabora “Nuestra plataforma”, es arrestado y luego se traslada a Minsk y a Vilna.
1907.- Edita el folleto “Virtualismo”. Inicia el estudio del Ídish; sale de Rusia y organiza la federación mundial de Poale Sión.
1908-1914.- Viaja por Cracovia, Bélgica, Suiza y Viena. Secretario de la Federación Mundial, redacta “Dos Fraie Vort”(Palabra Libre), escribe los folletos “En torno a la regulación de la inmigración”, “El desarrollo económico del pueblo judío”, “La cuestión nacional en Bélgica”, “El movimiento obrero en cifras”.
1912.- Se revela como el más grande filólogo judío en la revista “Pinkas”. Allí publica un artículo “El papel de la filología Ídish” y otro: “La biblioteca del filólogo judío”.
1914-1916.- A comienzos de la guerra parte para Italia y de allí hacia Norteamérica. Participa en el movimiento pro Congreso judío. Redacta sus publicaciones y continúa su labor filológica. Afronta una dura lucha dentro del partido, contra la orientación sionista belicista.
1917.- Toma parte en el Congreso Socialista de Estocolmo, encabezando la delegación de Poale Sión. Ante la comisión internacional Socialista plantea la exigencia de los trabajadores judíos. En el mes de agosto llega a Rusia. Participa en el tercer congreso del partido, en el congreso de las nacionalidades, en Kiev, y en la convención de Petrogrado. Viaja al sur de Rusia en misión del partido, y muere el 17 de diciembre, a consecuencia de una infección sanguínea provocada por un ataque de nefritis.

 

 


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