Tecnología

Lunes, 27 de Marzo de 2017

17/3/2017 (Anajnu - Chile)

Ocho claves del éxito de Israel en innovación

Carmelo Jordá*

Puede que el modelo no sea replicable, pero sin lugar a dudas es inspirador.

En los últimos años he visitado varias veces Israel, y en todas ellas las nuevas tecnologías y las famosas start ups han sido una parte importante del programa. Lejos de aburrirme de la cuestión, en cada nuevo viaje me parece más interesante, y cuanto más lo conozco más me maravilla lo que ha ocurrido y lo que sigue ocurriendo en ese país que, como bien decía Domingo Soriano aquí mismo, no tiene nada, al menos aparentemente.

Voy a tratar de explicarles lo que creo que son algunas claves de este éxito, tantas y con tan complicado engranaje entre ellas que hacen, yo diría, inexportable el modelo, lo que no quiere decir que no se pueda aprender de él.

Llamémoslo ‘jutzpá’

Hay una palabra que define cierta característica del carácter judío y de la que se oye hablar mucho en Israel: jutzpá. No hay una traducción directa al español, aunque sería una mezcla de atrevimiento, osadía, falta de respeto a la autoridad, desprecio de la posibilidad del fracaso, autoconfianza…

Como todos los tópicos, hay parte de exageración y parte de verdad, y lo que sin duda sí hay en Israel es una cierta actitud social que ve de una forma más positiva algunas de esas características, en ocasiones incluso en ámbitos en los que resultan extremadamente sorprendentes, como el castrense.

Sea como sea, esa mezcla de características resulta un cóctel ganador a la hora de explorar soluciones tecnológicas o ideas empresariales, de lanzarse a un mercado aparentemente imposible; de recuperarse de la primera quiebra, y de la segunda y de la tercera, hasta triunfar…

Los problemas de partida

Una de las cosas que caracteriza a Israel en su corta historia es su capacidad para sobreponerse a los problemas y acabar haciendo de ellos ventajas competitivas: que la mayor parte de la superficie fuese desértica, por poner un ejemplo, sirvió para crear toda una industria alrededor de la agricultura y el aprovechamiento del agua.

El gran ejemplo de esto es el Ejército –sobre el que nos detendremos más adelante–: pocas desgracias peores puede haber que estar rodeado de enemigos y tener que dedicar un porcentaje altísimo de tu riqueza a las necesidades militares; pero las IDF han logrado desempeñar un papel positivo en la sociedad israelí, más allá de las cuestiones puramente castrenses.

Asimismo, se diría que ser un país pequeño, con sólo ocho millones de habitantes –una cifra ridícula en comparación con Estados Unidos, la Unión Europea y no digamos China– y con un idioma prácticamente inaccesible al resto del mundo parece haber estimulado a los emprendedores israelíes a buscar de partida un mercado global y a hacerlo, obviamente, en inglés. Esta ambición y esta amplitud de miras es señalada por los expertos como una de las razones del éxito de Israel en innovación.

La educación y las universidades

La formación y la educación han sido, tradicionalmente, una de las preocupaciones de las comunidades judías, allí donde estuviesen. No es de extrañar, por tanto, que en Israel el sistema educativo y, sobre todo, las universidades hayan alcanzado un alto nivel.

Universidades que no sólo forman a técnicos y científicos de primera categoría internacional, sino que están en contacto permanente con las empresas y el mercado y con un enfoque tremendo –también económico– en la investigación.

Las consecuencias van desde el alto número de israelíes ganadores del Nobel hasta la existencia de centros universitarios que ingresan muchos millones al año en patentes, pasando, por supuesto, por dotar de un respaldo poderosísimo a la innovación en el sector tecnológico.

El Ejército

Todo el que habla de las start ups y la innovación israelíes menciona el importante papel del Ejército, uno de los grandes éxitos del país como sociedad que ha logrado convertir la terrible necesidad de tener que armarse hasta los dientes por la agresividad de sus vecinos en la virtud de que la milicia no sólo sirva para la guerra, sino que sea un eje vertebrador de la sociedad en varios sentidos.

En el asunto que nos ocupa, hay varios aspectos que destacar: puede que el más importante sea la importancia del servicio militar como salto hacia la madurez y la responsabilidad, que los israelíes dan años antes que los europeos; tampoco hay que minusvalorar la red de relaciones sociales más allá de las clases y los lugares de procedencia que se teje, tanto en el tiempo de servicio efectivo como en los años en la reserva…

Otro elemento, no menos importante, es el enorme gasto en investigación que hace el Ministerio de Defensa; un esfuerzo que, además, se centra en un tipo de investigación “casi pura”, tal y como nos explicó Daniel Gold a un grupo de periodistas en Tel Aviv. Los resultados, obviamente, se esparcen después tanto por el sector militar como por el civil.

La intervención del Gobierno

Sorprendentemente, sobre todo para los que defendemos puntos de vista liberales, otro factor importante ha sido la acertada política gubernamental en el campo: hay que reconocer que políticas públicas cautelosas en cierto sentido pero atrevidas en otros han logrado excelentes resultados.

Le preguntamos por ellas a Avi Hasson, máximo responsable desde hace seis años de la Israel Innovation Authority (IIA), antes conocida como la oficina del Chief Scientist, un organismo creado a principios de los años 80, cuando los ordenadores eran poco menos que una rareza e Internet un sueño en algunas mentes privilegiadas.

En sus oficinas en un moderno polígono cerca del aeropuerto de Tel Aviv nos cuenta que la institución que dirige trata de ayudar en todos los campos de la innovación, con la única excepción de lo militar, que obviamente depende de Defensa, y de la investigación básica, que recae en Educación.

Parte de su trabajo es ayudar a las empresas como una especie de ventanilla única de la Administración: para todo lo que necesitan pueden dirigirse a ellos, que a su vez contactarán con el departamento correspondiente.

Otra de sus tareas es gestionar líneas de financiación, con las que se reparten unos 500 millones de dólares al año, cantidad importante pero que en el fondo solo es aproximadamente un 5% del total que se invierte anualmente en innovación en Israel.

Un dinero que, según Hasson, “tiene que ir a los proyectos de más riesgo”, aquellos que pueden aportar mucho conocimiento y un gran valor añadido pero que tienen más dificultades para encontrar financiación. En cualquier caso, nos aclara que su tarea no es guiar por dónde debe ir la innovación –“no sabemos mejor que el sector privado qué sector será el próximo en nacer o explotar”–, sino más bien “crear una infraestructura”.

Cada año reciben una 100.000 peticiones de financiación, que son evaluadas por un panel de unos 150 expertos que no son funcionarios sino “profesionales de la industria”, que visitan las empresas y las analizan. ¿Qué es lo que buscan estos inspectores? Hasson nos explica algunos criterios que son muy bien valorados: “Que se trate de desarrollar una tecnología muy avanzada, que busquen grandes mercados, que el equipo humano sea bueno y, si puede ser, que cuenten con partners”. El plazo entre la solicitud y la respuesta es de un mes, y, aunque nos resulte increíble, a Hasson le parece “demasiado tiempo”.

Hay varias precauciones para que esta intervención del Estado no sea demasiado influyente en el rumbo que pueda tomar la innovación: para empezar, no hay una planificación previa para impulsar una u otra rama, sino que la gente presenta lo que quiere y a partir de ahí se elige proyecto a proyecto. Por otro lado, nunca se da el 100% de la financiación, la compañía que solicita la ayuda tiene que conseguir por otro lado al menos el 15%, aunque habitualmente es un porcentaje bastante mayor. Incluso hay casos en los que la IIA se limita a dar una especie de aprobado para que a la empresa le sea más fácil buscar financiación en otras fuentes.

Por último, aunque no dependan de la IIA, hay otra serie de políticas públicas que son muy importantes: grandes exenciones fiscales, facilidades para atraer talento foráneo… La explosión del sector tecnológico israelí, en suma, “no ha sido una creación del Gobierno, pero éste la ha empujado y alentado”, resume Hasson.

La presencia de multinacionales

En parte por esas políticas públicas, en parte por la adquisición de compañías locales, en parte porque el país ofrecía un entorno adecuado, las multinacionales del sector tecnológico llevan décadas estableciéndose en Israel.

Intel, Microsoft o Dell, por poner sólo tres ejemplos, son algunas de las empresas que tienen centros de desarrollo o investigación allí, en algunos casos esenciales para su negocio en todo el mundo: el 50% de los beneficios de Intel, por ejemplo, provienen de desarrollos hechos en Israel.

Esta presencia de compañías foráneas, ese acceso a los mercados de todo el mundo y esa capacidad para liderar procesos de investigación globales han sido, sin duda, determinantes.

El ‘ecosistema’

Israel es un país pequeño y gracias a ello incluso en un sector que ya emplea a cientos de miles de personas es posible que, al menos en cierto sentido y en ciertos niveles, todo el mundo se conozca. Esto hace que muchas cosas sean más sencillas: desde encontrar a las personas adecuadas para cada proyecto a dar con la financiación necesaria, pasando por un intercambio de conocimientos y habilidades extraordinario.

Algo que además se ve reforzado por otras peculiaridades de Israel, como los contactos que se establecen en el servicio militar y se mantienen durante los años como reservistas, o cierta permeabilidad entre diferentes capas sociales que hacen a la gente más accesible a todos los niveles.

Incluso cuestiones que podrían parecer anecdóticas tienen su influencia: el carácter de ciudades como Tel Aviv o Beer Sheva –los dos grandes polos de la industria tecnológica israelí– ha contribuido sin duda a generar comunidades alrededor de la innovación que son muy atractivas para el talento y en las que se desarrolla una interacción muy productiva para sus protagonistas.

El prestigio social

Por último, hay un componente que sigue alimentando esta ola de emprendedores e innovación: el altísimo prestigio social que acompaña al éxito económico de los grandes emprendedores israelíes.

Lo resaltaba y no lo explicaba Avi Hasson: “En Israel los emprendedores son como estrellas de rock”; quizá en España deberíamos decir como futbolistas, para que se hagan ustedes una idea. “El otro día estaba en un restaurante y entró Gil Shwed [el multimillonario creador de la multinacional Check Point] y la gente se volvió loca”.

Como vemos, diferentes razones que intervienen de formas muy distintas y que, incluso como un peculiar efecto secundario en algunos casos, logran no sólo generar en grandes cantidades el más importante recurso para la innovación, el talento humano, sino darle todas las facilidades y todos los estímulos para que explote.

 

 


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