Programa Nuclear Irán

Sabado, 25 de Marzo de 2017

6/4/2015 (Caracol Radio - Blogs )

Crónica de un acuerdo anunciado

MARCOS PECKEL*

Pocas dudas quedan que las dos partes querían un acuerdo a como dé lugar, Irán y Estados Unidos y que del lujoso hotel Beau Rivage Palace de Lausana no saldrían lo negociadores, incluyendo los respectivos ministros de relaciones exteriores Zarif y Kerry, sin un papel firmado, lo cual finalmente se logró dos días después del auto impuesto plazo final del 31 de marzo. Más de una década de frustradas negociaciones entre Irán y sus contrapartes llegaban a su fin, o casi pues aún falta el documento final.

Irán necesita el acuerdo para liberarse de las severas sanciones que le ha impuesto la comunidad internacional incluidas 4 rondas en el Consejo de Seguridad, pero sin aparecer claudicando ante occidente, salvando el orgullo nacional y como miembro del exclusivo club nuclear. A Estados Unidos el acuerdo le permite redireccionar sus prioridades en una región que sufre una vorágine con el colapso de los Estados, el fortalecimiento de los radicalismos, la guerra fratricida entre sunnitas y shiitas y el conflicto regional entre Irán y Arabia Saudita cuyo más reciente capítulo estalló en Yemen.
Como en toda negociación, ninguna de las partes obtuvo todo lo que aspiraba y era imperativo para cada uno “bajarse” de los objetivos maximalistas. Tanto Obama como Rouhani enfrentan dura oposición interna al sólo hecho de “negociar con el enemigo”, independiente del texto final, pues se trata de dos contendores que por 35 años han mantenido una relación conflictiva, violenta, de mutua desconfianza y plena en recriminaciones y acusaciones. Ahora con los acuerdos firmados y los plazos establecidos, Irán y Estados Unidos estarán obligados dormir juntos por mucho tiempo y aunque las desavenencias aparecerán de tiempo en tiempo, parece que para ambos es mucho peor el divorcio. Incluso hasta junio 30 cuando deben quedar finiquitados los detalles técnicos del acuerdo de Lausana, es plausible que ocurran escaramuzas, las primeras de las cuales ya comenzaron con diferentes interpretaciones sobre lo acordado entre funcionarios de Irán y de Estados Unidos.

El gran interrogante que plantea el acuerdo tiene que ver con la disposición de Irán de cumplir con todas y cada una de sus premisas, tras años de haber engañado a la Agencia Internacional de Energía Atómica y a la comunidad internacional. El descubrimiento en 2009 de la planta secreta subterránea en Fordo dio al traste con acercamientos que entonces se estaban haciendo con los Ayatolas.
Estados Unidos debe hacer ahora equilibrismo diplomático con sus aliados en la región, para quienes el acuerdo con Irán representa casi que “una puñalada en la espalda”.

Por un lado Arabia Saudita y los países del golfo enfrascados en un conflicto con Irán que a través del apoyo a milicias shiitas, se ha constituido en una fuerza desestabilizadora en la región, fomentando la guerra sectaria sunita-shiita.

En lo referente a Israel, implacable crítico de la negociación con Irán por las reiteradas declaraciones de su líder supremo Ali Khamenei y otros altos funcionarios amenazando con “la destrucción del Estado Judío”, queda la posibilidad que en los meses que faltan para sellar los acuerdos, se involucre con Estados Unidos en sacar lo mejor posible para reducir al máximo la amenaza ante la imposibilidad de eliminarla del todo. Israel estará muy vigilante para denunciar la mínima violación por parte de Irán.

Los acuerdos, que en ninguna parte del texto conocido especifican que el programa nuclear debe ser para fines pacíficos, tienen una duración de entre 10 y 15 años, limitan el número y calidad de las centrífugas que Irán puede poseer, el máximo nivel de enriquecimiento de Uranio al que se le permite acceder, la transformación de la planta de agua pesada en Arak, apta para fabricación de plutonio bélico, para fines únicamente científicos y médicos y reducción significativa del inventario ya en su posesión de Uranio enriquecido. Lo anterior controlado por un rígido sistema sin precedentes de inspecciones y vigilancia a plantas, minas, laboratorios y reactores.

El asunto más álgido de los acuerdos entre Irán y el P5+1 tiene que ver con el tiempo que se estima necesitaría Irán para construir una bomba si así lo decidiese. Actualmente este lapso es de unos tres meses. Las limitaciones impuestas “estiran” ese plazo a más o menos uno año, tiempo en el cual presumiblemente se podrá detectar la intención y tomar las medidas del caso, incluso acción militar.

El acuerdo con Irán se convierte así en el más importante legado en política exterior de Barak Obama por sus implicaciones de hondo calado en esta región que se le salió completamente de las manos a Estados Unidos tras su calamitosa invasión a Iraq, “el pecado original”. Aunque Irán no será todavía Cuba, se nivela en algo el terreno para posibles futuras alianzas y colaboración entre Washington y Teherán quienes de facto ya coordinan acciones contra el Estado Islámico –ISIS- en Irak y Siria. Esto asumiendo que Lausana no se convierte en otro Múnich.



 

 


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