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Sabado, 25 de Marzo de 2017

12/10/2011 (El Colombiano - Colombia)

El Estado Palestino - Alvaro Uribe Velez

Durante las últimas semanas, el mundo ha estado atento a las discusiones en la Organización de Naciones Unidas relacionadas con la creación del Estado Palestino.

Mientras decenas de países han optado por el reconocimiento, promoviendo una votación en la Asamblea General, otros han hecho un llamado para que este proceso de incorporación formal a la comunidad internacional sea el resultado de un diálogo fraterno entre Israel y la Autoridad Palestina, en el que se defina una división limítrofe consensuada y se logre un ambiente que garantice la seguridad para las dos naciones.

Lograr el objetivo histórico de dos Estados que convivan pacíficamente es un anhelo de la comunidad internacional desde 1947. Los acuerdos de Oslo en 1993 fueron un gran paso en esa dirección, otorgando autonomía política y administrativa a la Autoridad Palestina en los territorios de Gaza y Cisjordania y definiendo un proceso evolutivo de negociación para constituir un Estado.

En los últimos años, la Conferencia de Anápolis, organizada en noviembre de 2007 por el cuarteto de facilitadores (ONU, Unión Europea, Rusia y EE.UU.), al igual que la resolución 1850 de diciembre de 2008, adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU, reafirmaron la voluntad política de la comunidad internacional para alcanzar un acuerdo sostenible de coexistencia pacífica y mutuo reconocimiento.


Lamentablemente se han presentado dificultades y los avances en las negociaciones se han estancado por múltiples razones. Entre ellas se encuentra la posición del grupo armado Hamas, que ejerce influencia y control sobre la franja de Gaza y que se ha fijado como propósito existencial la eliminación de Israel y su pueblo. La más cruda expresión de su motivación se evidencia con los miles de misiles que desde allí se han disparado contra ciudades israelitas desde 2006.


Otros temas de debate son la delimitación fronteriza de los dos Estados, la posición frente a los asentamientos israelitas en Cisjordania y la definición de la soberanía sobre Jerusalén Este, que para Israel constituye su capital indivisible. Estos son temas complejos que merecen ser abordados mediante un diálogo sincero, constructivo y con el apoyo de confiables facilitadores. Intentar resolver mediante resoluciones estos temas, imponiendo límites geográficos, sin asegurar el mutuo reconocimiento a la existencia y la eliminación de riesgos a la integridad de los ciudadanos, es abrir un nuevo capítulo de innecesario antagonismo.


No hay duda de que el Estado Palestino debe existir. Es un derecho histórico de un pueblo sufrido, pero su creación debe ser un episodio de paz y no la continuación o el agravamiento de las diferencias. Para lograrlo es necesario que Hamas cese su amenaza contra Israel, reconozca su existencia y desmonte su estructura armada.


Del mismo modo es urgente que se pueda definir un acuerdo fronterizo razonable que permita la clara distinción territorial Palestina y al mismo tiempo se entienda y respete el vínculo histórico del pueblo judío con Jerusalén Este. Por supuesto en este proceso es esencial definir el papel de los asentamientos existentes dentro de una configuración política.


Contrario a muchas voces cargadas de pesimismo, hay un momento histórico que favorece la paz. La opinión pública en Israel respalda mayoritariamente la creación de un Estado Palestino y la comunidad internacional, al igual que la dirigencia política de Israel, está más comprometida que nunca a construir un plan de trabajo expedito para lograr ese propósito. Igualmente líderes como el Presidente de la autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, y su Primer Ministro, Salam Fayyad, han demostrado un genuino compromiso con un acuerdo.


Ha llegado el momento de dar un paso definitivo, sin dilaciones políticas, hacia la construcción de la concordia en Medio Oriente. La convivencia de dos Estados libres y soberanos debe ser el gran resultado. El camino para hacerlo realidad es la negociación entre Israel y Palestina y la ONU con el liderazgo del Consejo de Seguridad debe definir una hoja de ruta clara dentro de un tiempo prudencial para facilitar el proceso. Insistir en la imposición política sólo alimentará voces extremistas que harán más difícil el camino de la paz.

 

 


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