Mundo Judío

Viernes, 24 de Marzo de 2017

3/1/2015 (Anajnu - Chile)

Las comunidades judías del siglo XXI utilizan herramientas del siglo XX

León Trahtemberg**

No deja de sorprenderme la cantidad de energía judía dedicada a lamentaciones y análisis post facto sobre los problemas y sufrimientos que encaran las comunidades judías cuando estalla un conflicto entre Israel y sus enemigos (como viene ocurriendo sistemáticamente con Hamás, Hezbollah y las revueltas palestinas), en lugar de ocuparse de ser pro activos gestando iniciativas que funcionen cuando se den estos contextos de estallidos bélicos.

En el Octavo Foro Estratégico para Representantes de Comunidades Judías de Iberoamérica realizado por el Comité Judío Americano en Miami del 12 al 14 de diciembre participaron 70 líderes judíos que hicieron una evaluación de la situación en la región luego del conflicto entre Israel y la Franja de Gaza denominado Operación Margen Protector.

No he tenido acceso a todas las ponencias pero sí a los rebotes en la prensa y la verdad es que no son muy distintos a los esperados porque se vienen repitiendo cada vez que hay un conflicto similar. Me pregunto si toda esta gente de buena voluntad que se congrega no estará analizando las realidades de las comunidades judías con la óptica y herramientas conceptuales del siglo XX en vez de las requeridas para estos tiempos. Era predecible lo que pasaría en los medios, gobiernos y sociedades latinoamericanas en caso de conflicto entre Israel y Hamas o Hezbollah, porque ya ocurrió y seguirá ocurriendo una tras otra, casi como un calco.

Me atrevo a pronosticar que si mañana estalla otra acción de Israel en respuesta a provocaciones de Hamás o Hezbollah, los medios, gobiernos y sociedades reaccionarán igual contra Israel y con una fuerte carga de antisemitismo. ¿Por qué sorprende? ¿Por qué la actuación reactiva en vez de pro activa? ¿Por qué no usar el talento de los dirigentes y activistas para cambiar ese escenario previsible en lugar de lamentarse cada vez que se repite?

Veamos:

1) ¿No era previsible que las comunidades reaccionarían con sorpresa ante la avalancha de los medios contra Israel, cargados de insinuaciones o ataques explícitos contra los judíos?
2) ¿No era previsible que con el paso de los días ese clima hostil daría lugar a manifestaciones y maniobras políticas para que los gobernantes o cancillerías censuren a Israel, sea que mencionen o no las provocaciones del Hamás?
3) ¿No era previsible que los voceros palestinos saldrían de inmediato a los medios a atacar a Israel, a activar sus resortes en el aparato político nacional e internacional (ONU, Mercosur, países con fuertes relaciones con Irán), y que no habrían voceros locales calificados para dar la cara por la causa de Israel?
4) ¿No era previsible que las redes sociales promoverían una avalancha de propaganda, videos, textos, slogans, visiones sesgadas y rebotes de imágenes condenatorias de Israel?
5) ¿No era visible que los medios de comunicación internacionales responderían acorde a sus intereses con el mundo árabe y a las presiones de Hamás contra la prensa instalada en su territorio para reportar contra Israel en un proceso cuya misión de mediano plazo es la de deslegitimar a Israel?
En buena parte del siglo XX, el romanticismo en torno a Israel -desde su origen posterior al Holocausto hasta sus triunfos militares notables como el de la Guerra de los 6 días y algunas de sus atrevidas incursiones militares como la del reactor nuclear Osirak sumado al magnetismo de sus líderes históricos (del que sólo queda el nonagenario Shimón Peres)- alcanzaba para prestigiar a Israel. Sus continuos aportes a la industria militar, agrícola, a la ciencia, tecnología, medicina, sus start ups y la exitosa cooperación internacional también prestigiaban a Israel. Pero era una época en la que el mundo árabe aún no estaba organizado para canalizar y financiar masivamente sus esfuerzos políticos y económicos contra Israel. Aún la amenaza del terrorismo y fundamentalismo islámico no se consolidaba, ni tampoco hacían sentir su peso las demandas de las poblaciones de migrantes islámicos y árabes radicales en las principales capitales de Europa, cuyas agendas tienen actualmente la censura a Israel en primer plano.

Si las comunidades judías quieren que exista una postura más balanceada y comprensiva a las razones y acciones de Israel en los momentos de conflicto bélico por parte de los gobiernos, medios y poblaciones de los países en los que residen, sin duda lo que están haciendo en estos tiempos no da ni dará buenos resultados. Con tantos expertos en planificación estratégica podríamos tener mayor claridad sobre qué hacer para lograr los objetivos. El problema es que eso debe incluir una severa auto crítica comunitaria y también crítica respecto a cómo abordar las decisiones cuestionables e irritantes del gobierno de Israel que usualmente las comunidades prefieren no tocar o no saben cómo lidiar con ellas. Más aún, cuando a los críticos de la política israelí les basta con citar voces de israelíes prestigiados que en estos temas vitales cuestionan o censuran a su propio gobierno. El argumento de que eso evidencia que Israel es una democracia no alcanza para opacar los argumentos de los opositores.

La formación de voceros judíos calificados y reputados para hablar en los medios sobre los temas candentes, la creación de una red de contactos cruciales en los medios, las acciones que prestigian a las comunidades judías en las sociedades nacionales en las que están insertadas, y el logro de una imagen balanceada de Israel sobre sus acciones militares, se deben gestar en el trabajo previo a algún conflicto, no durante ni después de él. Por alguna preocupante razón, algo tan elemental como esto no está instalado con la debida convicción en las agendas comunitarias.**

La Confederación de Comunidades Judías de Colombia participó en el mencionado foro estratégico

 

 


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