Primavera Árabe

Jueves, 30 de Marzo de 2017

18/6/2014 (El Mundo - España)

De ciudad arrasada por gas mostaza a nido de yihadistas

Sadam Husein descargó aquí uno de los ataques químicos más mortíferos de la Historia*

Hoy la ciudad, en medio del Kurdistán, es nido de los yihadistas del ISIS*

Halabja, al pie de los macizos que separan al Kurdistán de Irán, es símbolo de la tragedia iraquí. En 1988 Sadam Husein descargó sobre el pueblo uno de los ataques con armas químicas más mortíferos de la Historia. De sus cenizas, nació un páramo henchido de lapidas que es hoy nido de los yihadistas del Estado Islámico de Irak y Siria.

El diablo contra el que libran batalla las tropas kurdas en el oeste de Irak también anida en los recovecos de Halabja, a unos kilómetros de suelo iraní. Unos 200 jóvenes de la villa, incluidas varias decenas de adolescentes, han viajado en los últimos años a Siria deslumbrados por la retórica del ISIS. "Asad era buena persona, cándido y muy tímido. Un día le perdimos el rastro. Poco tiempo después, supimos que estaba luchando en Siria", relata a EL MUNDO Raber, primo de uno de los chicos que abrazaron la yihad. Alarmado por las cifras, el Gobierno kurdo abrió el pasado noviembre una investigación para esclarecer el reclutamiento.

El dramático viraje de la última semana ha convertido al Kurdistán en región fronteriza con el califato islámico del ISIS.

Y las autoridades han estrechado el cerco en en el único lugar donde se le venera. La policía local, gobernada por la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), ha vetado hasta en dos ocasiones el acceso de este periodista a la ciudad. Ante el bloqueo, los testimonios de este reportaje han sido reunidos vía telefónica y sus protagonistas han optado por un nombre ficticio por miedo a posible represalias.

Asad, estudiante de ciencias islámicas en una universidad de la provincia de Suleimaniya, tenía 23 años cuando puso rumbo al avispero sirio. Como otros jóvenes de Halabja, tuvo su primer contacto con la guerra en los batallones de Frente al Nusra -filial de Al Qaeda en Siria- y completó su travesía en los cuarteles del ISIS, el movimiento que tomó Mosul el 9 de junio y ayer se disputaba Baquba, a 60 kilómetros al noreste de Bagdad. En venganza por el ataque yihadista a una comisaría de la ciudad, 44 presos suníes fueron ejecutados en dependencias policiales.

Sorpresa en las familias

La marcha de Asad hacia el terror fue sorpresiva. "Su familia entró en shock cuando supo que estaba en Siria. Nunca se lo olieron. El padre contactó con él a través de teléfono e internet para convencerle de que regresara a casa", relata Raber. Todos los intentos fracasaron. Asad, un peón más del entramado del ISIS, falleció en octubre de 2013.

Su martirio no mereció albórbolas ni disparos al aire ni multitudinarios desfiles en su patria chica. "Las familias no se sienten orgullosas, más bien al contrario. Algunos parientes se desplazaron a Siria y Turquía para traérselos de vuelta sin éxito", explica Kosar, un vecino del pueblo. Uno de los últimos en dirigirse al frente es Shabas, de 19 años. Para evitar el destino, su padre lo encerró durante semanas entre los muros de su habitación. Pero hace dos meses el muchacho logró escapar y desde entonces nadie ha sabido de él. Según el ministerio kurdo de Asuntos Religiosos, 35 oriundos de Halabja han perdido la vida en Siria.


Medio centenar de supervivientes han vuelto del horror. Muyahidines, desertores o durmientes, como Bashir, de 18 años. "Se marchó hace siete meses y pasó cuatro meses en el ISIS. Fue capturado por la policía y ahora vive en el pueblo. No quiere hablar. Solo quiere que le dejen vivir su vida", explica su colega Dara. "Van con la esperanza de luchar contra el régimen de Asad pero cuando llegan se dan cuenta de que empuñan las armas contra otros grupos islámicos o contra sus camaradas kurdos. Por eso algunos se arrepienten y regresan", dice el portavoz del ministerio de Asuntos Religiosos Mariuan Naqhsbandi en declaraciones a Al Yazira.

A los retornados el Gobierno les proporciona ayuda para abandonar el ideario rigorista. "Si vuelven saben que tienen que renunciar a su militancia. Los agentes del 'Asaish' (policía del UPK) les detienen y les invitan a firman un documento por el que se comprometen a no visitar los foros yihadistas de internet y abstenerse de retóricas sectarias. Si aceptan, pueden quedarse pero se les prohíbe salir de la ciudad salvo con autorización paterna", detalla el universitario Hesos. Es el caso de Rekwt, un chaval de 17 años que fue arrestado por las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo), las milicias kurdas que luchan en Siria, y deportado al Kurdistán iraquí. Desde entonces, vive en Halabja y tiene cita semanal en la comisaría. Hace unos meses, renegó del ISIS en una entrevista en televisión. "Dijo que había perdido la fe en quienes asesinan a civiles inocentes. Se ha recortado la barba y ahora es un musulmán normal y corriente", agrega Hesos.

Halabja es un páramo abonado al dolor. Su nombre está en los manuales de historia por el salvaje ataque con armas químicas que el ejército de Sadam Husein arrojó sobre su callejero el 16 de marzo de 1988, en las postrimerías de la contienda entre Irán e Irak. La lluvia de gas mostaza y sarín -una brutal vendetta por la liberación del enclave a manos de los "peshmergas" (guerrilleros kurdos)- asesinó a 5.000 personas y dejó secuelas de por vida a otras 7.000. La bautizada Operación Anfal fue orquestada por el autócrata y su primo Ali el Químico. Tras el genocidio, recordado hoy por los monumentos que salpican el pueblo y las hileras de lápidas que se hacinan en el cementerio, el sátrapa ordenó derruir su geografía.

La cuna de los muyahidines kurdos provoca inquietud en el Gobierno regional
Resucitada de sus cenizas, el aérea es un bastión del islamismo kurdo. En 2000 el grupo Ansar al Islam declaró un pequeño Estado islámico en unas escarpadas sierras al oeste de la villa. El ensayo de califato se desmoronó tres años después bajo el cielo de plomo que descargó la aviación estadounidense. "Los habitantes de Halabja hemos sufrido mucho. Durante décadas hemos estado en el ojo del huracán y la gente siente que hemos sido injustamente tratados", reconoce Hesos, un veinteañero que puede contar aquel exterminio porque su progenitor le evacuó "in extremis" junto a sus hermanos.

Desde que el ocaso de Sadam trajera cierta libertad al vecindario, han arreciado las quejas por la escasez de electricidad y el precario abastecimiento de agua, una de las tantas consecuencias del ataque. Unas reclamaciones que han alimentado manifestaciones -sofocadas por unas fuerzas de seguridad que tienen completamente blindado el enclave- y desatado episodios de ira de popular como el que incendió en 2006 el museo conmemorativo de la matanza. Los supervivientes -que padecen ceguera, cáncer de colón o abortos- lamentan que las autoridades maquillen dos décadas de abandono con homenajes millonarios y pomposos.

La cuna de los muyahidines kurdos inquieta al gobierno regional. Los "peshmerga", que en la última semana han reforzado el control de las fronteras ante el temor de infiltraciones de yihadistas, abortaron a finales de mes un intento de atentado en la ciudad de Suleimaniya. Su urdidor, según la prensa local, era Aram Ozair, un vecino de Halabja de 20 años que había combatido en los escuadrones del ISIS durante ocho meses. El pasado septiembre una cadena de atentados sacudió Erbil, la capital del Kurdistán, una isla de paz y prosperidad económica en medio del polvorín iraquí. Seis personas murieron y otras 36 personas resultaron heridas.

Los servicios de inteligencia han reunido pesquisas vagas sobre el origen de esta floreciente cantera de forofos del ISIS, un grupo que solo despierta muestras de animadversión en el resto de la sociedad kurda. "Las fuerzas de seguridad han acusado al clérigo Salim Shusjai, parlamentario y miembro de un partido islamista kurdo, y a los jeques estrella de las televisiones locales de instigar el turismo de guerra. Nadie ha lanzado nunca en público una llamada a hacer la yihad en Siria. Nadie sabe quien es el responsable de reclutar a los jóvenes. Las redes sociales e internet juegan un papel muy importante", concluye Kosar.

 

 


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