Medio Oriente

Sabado, 25 de Marzo de 2017

23/9/2010 (El Espectador - Colombia)

En el ojo del huracán

MARCOS PECKEL -------------

Las imágenes no podían ser más elocuentes. Una turba enardecida, a la usanza de los asaltos a las fortalezas medievales, arremetiendo contra el muro de contención de la embajada de Israel en El Cairo, quemando la bandera azul y blanca y poniendo en peligro de linchamiento a seis guardias de seguridad, rescatados finalmente por un comando del Ejército egipcio.
A Israel no le quedó más remedio que evacuar a todo su personal diplomático del país. Días después, para evitar una posible repetición, Benjamín Netanyahu evacuó la misión diplomática israelí en Amman, Jordania.
Días antes, como respuesta al informe Palmer-Uribe y a la negativa de Israel de disculparse por la muerte de nueve activistas turcos en el asalto de hace un año a la flotilla, Turquía, otrora gran aliado de Israel, expulsó a su embajador de Ankara, degradó las relaciones diplomáticas con Jerusalén y canceló toda colaboración militar.
Sin lugar a dudas días aciagos para la diplomacia israelí y su posición estratégica en la región. Por primera vez desde su creación, Israel no tiene relaciones fuertes con por lo menos una de las potencias regionales, Turquía, Egipto o Irán, y enfrenta la tormenta que se avecina en la ONU.
Populismo
Independientemente de la validez de su reclamo, el premier turco, Recep Tayyip Erdogan, está haciendo un irresponsable populismo con Israel. Turquía ocupa ilegalmente el norte de Chipre desde 1974, enfrenta una insurgencia de los kurdos al este del país, bombardea a diario el norte de Irak y, a pesar del sólido crecimiento, su economía enfrenta negros nubarrones por alto endeudamiento, desempleo y devaluación. Atacar a Israel le da réditos a Erdogan en la galería y le sirve de conveniente cortina de humo.
La Primavera Árabe, por otro lado, no traerá democracia en los próximos años a la región, sino altísimos niveles de inestabilidad, mientras se decanta la lucha por el poder entre militares, islamistas, nacionalistas, sectas y tribus. El factor Israel podría ser utilizado por estos grupos para desviar la ira popular y ganar adeptos, como ocurrió en El Cairo.
Palestina va a la ONU
Mucha histeria mediática rodea la iniciativa palestina en las Naciones Unidas. Años de estancamiento en el proceso de paz motivaron al presidente palestino Mahmud Abbas, en el ocaso de su carrera, a acudir a la ONU. Unas negociaciones que de por sí han tenido muy poca probabilidad de éxito. La coalición gobernante en Israel, paralizada y presa de partidos de extrema derecha, no ha planteado ninguna iniciativa concreta frente al tema de la negociación.
Los palestinos, por su lado, no han podido superar la división entre Fatah, que controla Cisjordania, y el grupo radical islámico Hamás, que controla Gaza, no reconoce a Israel y no ha renunciado al terrorismo. Hamás ha manifestado su oposición a la iniciativa de Abbas porque sólo crearía un Estado en “Cisjordania y Gaza y no en toda Palestina”.
La ONU puede tomar dos decisiones: aceptar a Palestina como el Estado 194 o aceptarlo como Estado no miembro. La toma de una decisión puede también dilatarse en el Consejo de Seguridad. ¿Y qué pasará el día siguiente? En el terreno no mucho, a menos que se desate una calamitosa ola de violencia en Cisjordania por la expectativas creadas o por oportunistas radicales. Políticamente comenzaría un largo periodo de incertidumbre, salpicado de debates jurídicos, posibles demandas y ningún avance en una paz negociada.
La solicitud palestina a la ONU personifica el fracaso diplomático de la administración de Obama, atrapada entre su intención de mejorar la imagen estadounidense en el mundo árabe-islámico y el apoyo a Israel. Utilizar el veto en el Consejo de Seguridad sería catastrófico para Estados Unidos. Y para Israel.
Para que Palestina surja como Estado independiente debe hacerlo a través de una negociación con Israel. Para que Israel se inserte en la región tiene que lograr un acuerdo de paz con los palestinos. La ventana de oportunidad para la solución de dos Estados, Israel y Palestina, es cada vez más pequeña. Para lograrla se requieren líderes con poder de decisión, valentía, imaginación y una inquebrantable voluntad de compromiso y una muy activa intervención de la comunidad internacional. No hay alternativa a la negociación: para Israel y Palestina es el único camino.

 

 


© Confederación de Comunidades Judias de COLOMBIA 2011 - Diseño y Programación Flikier Publicidad