Diálogo interreligioso

Sabado, 25 de Marzo de 2017

1/5/2014 (El Tiempo - Colombia)

San Juan XXIII y el pueblo judío

Marcos Peckel*

Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, Angelo Giussepe Roncalli quien había sido enviado por el papa Pío XI a Estambul en calidad de delegado apostólico, tras haber cumplido la misma función años antes en Bulgaria, ayudó a salvar a miles de judíos del Holocausto, ya sea facilitándoles el tránsito desde Turquía hacia la Palestina británica, otorgando falsos certificados de bautismo con los que judíos obtenían visas a terceros países o usando su influencia ante gobiernos y embajadores.

Posteriormente como nuncio apostólico en Francia, uno de los más importantes encargos de la diplomacia vaticana en los tumultuosos años de la posguerra, Roncalli tras una petición de un enviado sionista, accede a interceder con el papa Pío XII para que el Vaticano usara su influencia, especialmente en Latinoamérica, para que los países de la región no votaran contra el plan de partición de Palestina, qué se debatiría en la asamblea general y gracias al cual, con apoyo mayoritario de América Latina, nació el Estado de Israel en 1948.

En noviembre de 1958 tras la muerte de Pío XII, Roncalli es elegido papa, donde adoptó el nombre de Juan XXIII. Se especulaba entonces que debido a su avanzada edad, 76, sería un "papa de transición". Sin embargo, ante la sorpresa de la Curia y de católicos alrededor del mundo, Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II, el cual fue instalado por el sumo pontífice en octubre de 1962.

Uno de los objetivos de Vaticano II, mencionado repetidamente por su gestor, era el ecumenismo y el relanzamiento de las relaciones de la Iglesia católica con otras religiones y ninguna más delicada y sensible que la muy turbulenta relación entre la Iglesia de Cristo y el pueblo judío.

Tras la acusación original de haber matado a Cristo, los judíos sufrieron por siglos marginación social, discriminación, señalamientos de toda índole, confinamiento en guetos, persecuciones, conversiones forzadas, Inquisición, autos de fe, libelos de sangre, hasta el Holocausto. Arduo era el trabajo que le esperaba a Vaticano II en su afán de comenzar a rectificar las relaciones de la Iglesia con el pueblo de Israel.

La sensibilidad de Roncalli hacia los judíos quedó evidenciada en declaraciones concedidas al 'Catholic Herald': "Siglos de ceguera nos impidieron ver la belleza del Pueblo Elegido…Llevamos en nuestras frentes la marca de Caín mientras Abel yacía en la sangre por nosotros incitada". Anteriormente, a los pocos meses de su entronización, Juan XXIII había ordenado eliminar el vocablo 'pérfidos' en referencia a los judíos en las oraciones del Viernes Santo.
Juan XXIII muere en 1963 y su sucesor el cardenal Giovanni Battista Montini, Pablo VI, tomó la determinación de continuar con las deliberaciones y llevar el Concilio a su final.
La declaración Nostra Aetate, promulgada al final de Vaticano II, abrió las puertas a una nueva era de la relaciones entre judíos y católicos. Sus 15 frases en latín contenidas en la sección IV dedicada al judaísmo, suprimen la acusación de deicidio, condenan el antisemitismo, llaman al estudio conjunto de las escrituras y aceptan el origen judío de Jesús, Maria y sus apóstoles.
Juan Pablo II, quien llamó a los judíos "nuestros hermanos mayores en la fe", y Benedicto XVI profundizaron las relaciones de la Iglesia con el pueblo judío, visitaron sinagogas, se reunieron con delegaciones judías y realizaron visitas de Estado a Israel, camino por el que transita igualmente el papa Francisco.
Juan XXIII quien asciende al santoral de la Iglesia católica deja como uno de sus más significativos legados el camino de la reconciliación con el pueblo judío.


*Académico, director ejecutivo Confederación de Comunidades Judías de Colombia

 

 


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