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Berlín da la pelea para que el Hotel Bogotá no muera

El Tiempo - Colombia 2013-07-08
La crema y nata de la cultura berlinesa está unida en torno a la iniciativa de salvarlo. Construido por un Judío Alemán que vivio en Bogotá

La oficina de Patrimonio Histórico de Berlín decidirá en julio la suerte de una mansión construida en 1911 en el Bulevar Kudam, segundo corazón histórico de la capital alemana.
Se trata del Hotel Bogotá (bautizado sin tilde), una institución que honra el nombre y hace presencia por la capital colombiana como testimonio del agradecimiento de un judío alemán que se salvó del Holocausto en la capital colombiana.

Los nuevos dueños del edificio quieren modificar el estilo de la construcción de 20 metros de altura y 220 habitaciones.

Pero cientos de artistas, periodistas, escritores, fotógrafos y arquitectos berlineses, la crema de la crema del arte capitalino germano, comandan actualmente una férrea iniciativa de publicaciones y recolección de firmas en defensa de la conservación íntegra de la casona. Sorprendentemente, entre los amigos de la iniciativa no hay ningún representante por Colombia.
La particular historia de esa mansión comienza con Heinz Rewald, quien, en 1938, pasó de la Alemania xenófoba de Hitler a la Sabana liberal de Eduardo Santos. Tenía 21 años.

Su rumbo era el Cono Sur, pero el destino quiso que se asentara en Bogotá, para entonces una comarca serena de 355.502 habitantes que ya se atisbaba como la “ciudad de todos.

“Bogotá lo acogió y lo terminó de criar. El cariño de mi padre por la ciudad era inmenso. Nunca aprendió a hablar muy bien el español y, sin embargo, se movía en ella como pez en el agua. Se sentía en su casa, le dijo a EL TIEMPO Stefan Rewald, único hijo de Heinz Rewald.
Con algunas interrupciones, que se produjeron en la década del cincuenta, la historia de Heinz Rewald en Bogotá se prolongó por 25 años. Durante ese tiempo, montó un restaurante y varios centros nocturnos.

“En 1957 mi padre pasó por Berlín. Allí conoció a mi madre, se casaron y nací yo. A los 6 meses de edad me llevaron a Bogotá. Viví allí hasta los cinco años, cuenta Stefan, hoy de 55 años y también empresario.

“Yo hablaba mucho mejor español, era un niño rolo. Lastimosamente, en la época el fomento de los idiomas no era fuerte de los padres para con sus hijos y mi español se fue perdiendo, no así el recuerdo que tengo de la ciudad, recuerda.
Casi dos décadas después de terminada la II Guerra, la familia Rewald salió de Bogotá para instalarse en Berlín occidental. En 1964, Rewald fundó el Hotel Bogotá.

“El señor Rewald trajo todo el mobiliario de Colombia. El hotel funcionaba como una sucursal de la capital en la Berlín recién dividida por el Muro.

De hecho, en la recepción el viajero era recibido por una gigantesca panorámica en blanco y negro de Bogotá en los años 60 y era atendido por colombianos, a quienes el dueño daba trabajo a escondidas de las autoridades de inmigración, cuenta Joachim Rissmann, hoy propietario y gerente del hotel.
Los colombianos dormían en el lugar. No tenían papeles, pero allí estaban como en su país.
Rissmann hace el relato mientras muestra las reliquias en fotos, afiches, sillas y otras piezas del mobiliario colombiano que le dieron vida a Bogotá en Berlín. “No se nos ha pasado por la cabeza botar esos recuerdos, que no son valiosos en lo material, pero sí en lo testimonial como parte de la esencia de lo que es este hotel, sostiene Rissmann.

La historia de Rewald como propietario del Bogotá se prolongó durante doce años. En 1976 lo vendió a los padres de Joachim Rissmann bajo la cláusula implícita de conservar el nombre.
“Lo vendió porque estaba enfermo. Tenía cáncer y un año después de entregarlo, murió, recuerda Stefan, entonces de 17 años.
El Hotel Bogotá, antes de Rewald
Mientras contempla absorto un ya descolorido afiche del Museo del Oro, donde nunca ha estado, Joachim Rissmann recuerda que para su familia siempre fue claro que al adquirir el Hotel Bogotá asumían la conservación de la historia de la mansión.

Una mirada a la nutrida colección de artículos que la prensa alemana le ha dedicado al edificio es suficiente para enterarse que ha sido epicentro de los mejores y peores momentos del siglo XX.

Antes de convertirse en hotel, era un edificio de apartamentos, donde habitaban figuras ilustres. El Tagesspiegel, por ejemplo, ofrece detalles de las grandiosas fiestas que daba en esa casa el empresario y coleccionista de arte Oskar Skaller en los años 20. Bailes amenizados por el clarinetista Benny Goodman a los que asistían personalidades como el pintor impresionista Max Liebermann.

En 1934 el quinto piso se convirtió en residencia y taller para la fotógrafa judía Else Ernestine Neuländer, llamada Yva, quien después murió en un campo de concentración.
A continuación, el mando nazi se tomó la casa. Allí se instaló Hans Hinkel, director del Ministerio de Cultura del Tercer Reich.
Después de la Guerra, los aliados británicos convirtieron la casona en sede de la oficina “para la desnazificación de germanos capitalinos y posteriormente, como sitio predilecto de reuniones intelectuales británicas durante el comienzo de la Guerra Fría hasta 1963, cuando llegó Rewald de Bogotá, dispuesto a refundar la capital de Colombia, a su manera.
˜Negocios innovadores™
El idilio comercial de la familia Rissmann, segunda propietaria del Bogotá, se prolongó desde 1976 por más de 30 años. Las tempestades comenzaron en 2006, cuando el inmueble cambió de dueño.

“Igual que en los tiempos de Rewald, a nosotros nos pertenece el negocio, mas no el inmueble. El nuevo dueño nos canceló el contrato de arrendamiento porque quiere hacer ˜negocios innovadores™ con la casa, explica Rissmann.
Según la prensa capitalina, el nuevo propietario, un banquero, quiere hacer una reforma sustancial de su arquitectura y fachada para convertirla, probablemente, en una gigantesca y lujosa vitrina al estilo de las tiendas de Gucci y Gaultier que ya pululan en Berlín.

“Hacer de un recinto histórico un negocio impersonal, sin memoria, sin vida, escribió el Tagesspiegel en una crónica reciente titulada ˜El Bogotá no puede morir™ .
Así las cosas, la suerte de Bogotá en Berlín pende de una decisión gubernamental a favor de la historia alemana y de un capítulo honroso de la bogotana.

Patricia Salazar Figueroa
Corresponsal de EL TIEMPO
Berlín.