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Antisemitismo: la vergüenza de todos

Nuevo Herald - Miami 2012-12-19
GINA MONTANER ****

GINA MONTANER
Con el conflicto entre Israel y el Estado palestino en su punto más crítico, el político húngaro Marton Gyongyosi propuso elaborar una lista con los nombres de los judíos del Gobierno y el parlamento que podrían “suponer un riesgo para la seguridad nacional. Como cabía esperar, la idea planteada por el miembro del partido político de extrema derecha Jobbik fue rechazada por la mayoría de la clase política y grupos de derechos humanos, que vieron en la propuesta el despertar de los peores fantasmas de un pasado no tan lejano.

Aunque de inmediato Gyongyosi intentó aclarar que la medida serviría para prevenir ataques violentos que podían derivar del enfrentamiento en el Medio Oriente, era inevitable detectar en sus palabras e intenciones las mortales emanaciones de lo que fue el nazismo y las seis millones de víctimas que provocó el Holocausto. A fin de cuentas el representante ultraderechista ha llegado a cuestionar el número de víctimas del Holocausto. Un día después de que Gyongyosi anunciara su plan, los judíos se manifestaron en las calles de la hermosa Budapest luciendo la tristemente famosa estrella amarilla que en Alemania Hitler los obligó a exhibir en sus ropas a partir de diciembre de 1941. El clamor unánime de la comunidad judía húngara (que asciende a más de 100,000) recordaba que aquella insignia fue sólo uno de los primeros pasos antes de la confiscación de negocios y propiedades. El preámbulo de la hacinación en los guetos. La antesala de los campos de concentración que se establecieron en la Europa ocupada. El ominoso anuncio de una “solución final que ya había trazado el Führer en Mein Kampf.

Años después de que se conociera en toda su dimensión el horror del antisemitismo que azuzó el delirante nacional socialismo alemán, los fascistas húngaros se atreven a promover otro proyecto de barbarie. Y lo hacen desde un partido que representa la tercera fuerza política del país con una plataforma que desde el principio ha formulado opiniones contra los judíos y los gitanos. Entre la indignación y el espanto, Gustav Zoltai, director ejecutivo de la Asociación de Congregaciones de Judíos de Hungría, ha dicho: “Esto es la vergüenza de Europa, la vergüenza del mundo.

Así es. Con la memoria doliente de Auschwitz o Mauthausen que nunca jamás podrá borrarse, las ideas tóxicas de Gyongyosi y sus partidarios son la muestra de que el más feroz antisemitismo pervive en Occidente y es la semilla putrefacta que, de propagarse, acabaría por desatar pogromos y pesadillas de exterminios contra las minorías más vulnerables.

Cuando todo parece indicar que Europa ha dejado atrás el sentimiento atávico del odio a los judíos, de nuevo brotan aquí y allá las teorías conspirativas y la estrella de seis puntas vuelve a ser el blanco de sospechas entre quienes siempre pretenden culpar al otro de los males colectivos. Son viejas supercherías que avivan las hogueras donde sucumben los más débiles y perseguidos. La lista de Gyongyosi es la vergüenza de todos.