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˜Chávez será muy útil en la segunda etapa™: SHLOMO BEN AMI

El Espectador - Colombia 2012-11-12
Shlomo Ben Ami, exministro de Relaciones Exteriores de Israel y actual Vicepresidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz (CITpax), es una de las figuras internacionales que han asesorado al gobierno colombiano en los diálogos con las Farc que comienzan el próximo 15 de noviembre en La Habana (Cuba). Ben Ami es una de las voces más autorizadas a la hora de hablar de negociación de conflictos. Ha participado en varios intentos de paz con los palestinos, fue uno de los miembros de la comisión israelí que participó en la cumbre de Camp David (1999) y al siguiente año dirigió las conversaciones secretas con Abú Alá en Estocolmo. En diálogo con El Espectador, Ben Ami asegura que el momento que vive América Latina hace que las condiciones estén dadas para que esta vez el proceso de paz concluya bien.

¿Qué posibilidades de llegar a buen término tienen los diálogos de paz que comienzan esta semana en La Habana?

No hay nada seguro y, por las experiencias del pasado, hay que ser escépticos. Sin embargo, las condiciones actuales hacen pensar que esta vez la paz es posible: las Farc son una organización diezmada luego de diez años de conflicto, no tienen opciones militares y además se enfrentan a un cambio regional en ese llamado “eje bolivariano que les daba un espacio de respiro político. Las Farc no tienen otra opción.

¿La guerrilla ya no tiene espacio político en América Latina?

Fue una verdadera revolución diplomática la que hizo el presidente Juan Manuel Santos en América Latina. Les achicó el espacio político cuando desarrolló unas relaciones civilizadas con el presidente Hugo Chávez, quien está siendo muy útil en estas negociaciones. Cuba, por su parte, está en los instantes finales del castrismo, así que el momento regional es muy bueno.

¿Cómo debe ser la participación internacional en este proceso?

El presidente Hugo Chávez, por ejemplo, ha sido clave hasta este momento, eso hay que reconocerlo. Y será muy útil en la segunda etapa de negociación porque sigue manteniendo esa actitud que asumió en la primera fase en Cuba. La cuestión es si en algún momento se necesitará una tercera parte que juegue un papel más activo. La experiencia señala que siempre es necesaria.

¿Cómo sería esa tercera parte?

Eso se verá a lo largo de la negociación. Por lo pronto, Cuba, Chile, Noruega y Venezuela sólo participan como garantes, testigos del proceso. Su papel no es el de mediadores, como los Estados Unidos en el conflicto de Oriente Medio, o la ONU en Timor Oriental. Ese no es el papel que se les propone en este preciso momento. Ya veremos cómo se desarrollan las negociaciones y si se necesita un papel más activo de esos actores internacionales.

En su discurso en Oslo, el pasado 17 de octubre, las Farc insistieron en el tema agrario. ¿Será una dificultad en la mesa de diálogo?

Alfonso Cano había dicho en sus últimas declaraciones que la Ley de Tierras que aprobó el gobierno Santos era un paso muy importante para la paz. No existe ningún precedente en la historia de conflictos en donde se haya llevado a cabo una reforma de este tipo en medio del conflicto, esto es único. Y aquí está el meollo de la estrategia colombiana: que la agenda social hacia el campo, los desplazados y las víctimas, y la reducción de la pobreza, entre otros, se puede seguir con la guerrilla o sin ella. Las Farc verán si se suben al carro o no.

El Gobierno ha hablado de tiempos en la negociación. ¿Se le puede poner plazo a un proceso como este?

El presidente Santos no quiere caer en la trampa de que esto se convierta en un proceso infinito, por eso habla de plazos. Por una parte, es sensato no declarar una fecha límite porque eso ata las manos y crea una situación de ultimátum innecesaria; pero, por otra, hay que establecer un plazo ”calculo unos seis o siete meses” en el que si el Gobierno ve que la cosa no se mueve y las posturas no cambian, pueda interrumpir el proceso.

¿Cuál es el punto de la agenda que puede resultar más difícil de resolver?

A pesar de que el conflicto colombiano lleva tantos años, los puntos de conflicto no son extremadamente complejos y tampoco requieren uno o dos años de negociaciones. Estamos hablando de una reforma agraria que ya prácticamente está hecha, que requiere algunos retoques desde distintas perspectivas, pero que no requiere cambios radicales. Si hay buena voluntad, ¿por qué tomar tanto tiempo? Veo que hay temas que las Farc quieren, que tienen que ver con la estructura e ideología del Estado, y, con todo respeto, eso no se negocia. Lo que hay que negociar son cuestiones prácticas que lleven al fin del conflicto. El Gobierno estará muy dispuesto a llegar a acuerdos con la guerrilla sin romper el respaldo del pueblo colombiano, pero ya trazó unas líneas rojas, unos límites que no deberán ser traspasados.

¿Cuál es la imagen de las Farc hoy en Europa?
Está bastante claro: son percibidas como un grupo terrorista que basa su financiación en el narcotráfico.

A las Farc les preocupa mucho su imagen internacional. ¿Se puede lograr derogar el estatus de terroristas que tienen en Europa y la Unión Europea?

Claro que se puede, cuando se termine el conflicto, no antes.

Frente a los medios de comunicación, ¿cómo informar, qué y cada cuánto?

Si en las negociaciones que tuvieron lugar en Cuba se hubiera informado a diario, incluso en una rueda de prensa semanal, no habría sido posible llegar a un acuerdo. Todo eso se hizo a puerta cerrada. Negociar frente a las cámaras es imposible. Desde el punto de vista de la experiencia pienso que sería importante llevar estas negociaciones de la forma más discreta posible, pero, ahora que ya se sabe, es inevitable informar de vez en cuando, claro, sin entrar en demasiados pormenores.

¿Hay algo que Colombia pueda aprender de los intentos de paz que han hecho palestinos e israelíes?

Sí, aunque ningún proceso es parecido. Se empiezan unos diálogos adaptados a las condiciones actuales del pueblo colombiano, pero cada proceso es sui géneris. ¿Cosas comunes? No permitir que las negociaciones sean infinitas porque al final crean un desgaste político que elimina la posibilidad de un acuerdo; también hay que tomar en cuenta que en Oriente Medio la política acabó destrozando el proceso, por eso hay que evitar esa situación.

¿Cómo evitarla?

Cuidando la base política doméstica de apoyo a la negociación. Y otra cosa muy importante para tener en cuenta: estas organizaciones, llamémoslas “revolucionarias, como las Farc, Hamás o la OLP, pierden con mucha frecuencia el sentido de la realidad. Suelen quedar inmersas en un mundo interno que no corresponde a la actualidad y terminan perdiendo oportunidades al convertirse en rehenes de su propia burbuja ideológica. Decía un emblemático ministro de Relaciones Exteriores de Medio Oriente que “los palestinos jamás han perdido una ocasión de perder una ocasión, y por eso estamos donde estamos. Se han perdido tantas ocasiones de paz porque perdieron el contacto con la realidad.

¿Las Farc están en la misma situación?

No es del todo imposible que una organización que lleva más de 50 años en la selva pierda el contacto con la realidad. ¿En dónde se escuchan discursos como los que tienen en esta época? Ese es un gran riesgo. Sabemos que esa burbuja en estos movimientos puede evitar llegar a un acuerdo.

Las Farc dicen que no están dispuestas a pagar ni un sólo día de cárcel y que tampoco ven garantías para su desmovilización.
Estos son los temas que están en la negociación, aparecen en el Acuerdo Marco y hay que dejar a las partes para que puedan hablarlos. Sin embargo, cabe recordar que estamos viviendo en un mundo en que es muy difícil que transiciones de paz de este tipo se hagan sin aplicar justicia.

¿Cómo hacer entonces la transición?

La comunidad internacional ha conocido modelos distintos. No propongo ninguno de ellos, pero, por ejemplo, después de larguísimos años de apartheid en Sudáfrica, en donde la raza blanca cometió crímenes atroces contra todo un pueblo, se hizo la transición a una democracia sin que nadie fuera a la cárcel. Fue una especie de catarsis nacional, en la que todo el pueblo, a través de los medios de comunicación y de comisiones de la verdad, expuso abiertamente sus pecados y crímenes. En España se pasó de 40 años de dictadura franquista, represión y campos de concentración a la democracia, con lo que se llamó “El pacto del olvido para facilitar la transición.

¿Es difícil aplicar algunos de estos modelos al caso colombiano?

Es que en el entretanto ocurrió algo nuevo: apareció la Corte Internacional, el Derecho Internacional Humanitario. Hoy, el espacio del derecho se ha convertido en un espacio internacional y no es fácilmente permisible que un país haga esa transición del conflicto a la paz sin castigar crímenes atroces. En el pasado, el señor Augusto Pinochet podía acabar la dictadura y convertirse en senador vitalicio; hoy eso es imposible. Las víctimas son un tema que debe ser tenido muy en cuenta, más en Colombia, en donde existe una sensibilidad muy grande. Pero hay una cosa que he visto en muchos conflictos y es que hay que respetar profundamente a las víctimas del pasado, pero también hay que pensar en las víctimas del futuro, esas que deja un proceso de paz. Ese equilibrio es muy doloroso para los líderes, pero estoy completamente seguro de que con el buen criterio de los negociadores colombianos se va a lograr.

¿Qué viene después de ese proceso de paz, independientemente del resultado?

Colombia ha salido de ese encasillamiento en el que estuvo por cuenta de la guerrilla. Aunque no se acabe el conflicto, los líderes han conseguido que la imagen de Colombia cambie. Quién iba a pensar hace unos años que el país tendría la Secretaría General de Unasur cuando estaba en conflicto con todo su entorno. No sólo eso, durante dos años Colombia fue miembro del Consejo de Seguridad, medió en Honduras y fue de gran ayuda en Haití. Son muchos logros internacionales.

¿Qué tan importante fue la mediación colombiana entre Israel y Palestina?
Mucho. Colombia jugó un papel relevante en acercar las posturas entre israelíes y palestinos. Si usted ve las negociaciones que se han abierto últimamente ”a pesar de que se diga que no se ha hecho nada”, la diplomacia colombiana siempre estuvo activa. El país mejora su posicionamiento internacional.

¿Estados Unidos tendrá algún papel en el proceso de paz colombiano?

Su papel está en apoyar, en dar cobertura política, y eso ya lo hizo el presidente Barack Obama con sus declaraciones, cuando se supo lo del Acuerdo Marco en La Habana. A diferencia del conflicto en Oriente Medio, que es de índole internacional, el colombiano es más bien doméstico. La comunidad internacional entiende la enorme importancia de este proceso, por eso está dispuesta a dar el apoyo necesario si en algún momento se requiere.