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El caso Dreyfus de Evo Morales

eju.tv 2012-05-23
Detenido de forma irregular desde hace 11 meses, el empresario judío-americano Jacob Ostreicher parece protagonizar una versión boliviana del célebre caso Dreyfus, que puso en debate el sesgo antisemita en la justicia francesa de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Algo muy similar a lo denunciado por Émile Zolá en el famoso “J´acusse estaría sucediendo en el “Estado Plurinacional que encabeza Evo Morales.

Los hechos

Tras invertir 25 millones de dólares en la compra de tierras de cultivo, Ostreicher viajó a Bolivia en junio de 2011 con el propósito de poner en orden sus negocios, al enterarse que los terrenos pertenecían en realidad a Ozzie Dorado, hermano de un narcotraficante.
Pero en lugar de considerarlo víctima de una estafa, la fiscalía boliviana prefirió arrestarlo y encarcelarlo, acusándolo de realizar inversiones con “capitales de origen dudoso, sin tener en cuenta las empresas que el imputado posee en Brooklyn ni más de 1.000 documentos bancarios de respaldo, así como su total carencia de antecedentes penales. Desde entonces permanece en prisión, sin que se le hayan instruido cargos.
En los últimos días, Jacob Ostreicher ha realizado una huelga de hambre que lo llevó a bajar 13 kilos, mientras que en Nueva York miembros de la comunidad judía ortodoxa exigían su liberación en un mitin callejero.
Antisemitismo

¿Qué hay detrás de todo esto?
Por una parte, la justicia boliviana ha sido seriamente cuestionada por su parcialidad y dependencia del gobierno, al punto que la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, criticó las “influencias políticas que pesan sobre el sistema judicial y la fiscalía.
El otro componente a tener en cuenta es la orientación antisemita de los principales aliados internacionales del presidente Evo Morales, algo que podría estar influyendo en la política doméstica.
El año pasado, Morales participó junto al ministro de defensa de Irán, Ahmad Vahidi, en el acto de inauguración de la Escuela Militar del ALBA, en el departamento de Santa Cruz. Tras conocerse que Vahidi era buscado por Interpol, como cabecilla del atentado terrorista que voló la Asociación Mutual Israelita (AMIA) en Buenos Aires, provocando 85 muertos, el mandatario boliviano protegió la salida del país del funcionario iraní, obviando el pedido de captura internacional.
La orientación pro-iraní y anti-israelita del gobierno de Morales ha quedado patente a través de múltiples acciones y declaraciones: desde los convenios firmados con Teherán en materia de energía nuclear (Bolivia posee varios yacimientos de uranio) hasta las sospechas de que barcos con bandera boliviana son utilizados para violar las sanciones de la ONU contra el régimen de Mahmud Ahmadinejad.
Agreguemos a eso la notoria influencia que ejerce sobre Morales el presidente venezolano, Hugo Chávez, quien dijo que “los judíos son peores que Hitler; así como el antecedente de violencia antisemita del 2009, cuando la policía boliviana allanó un centro de estudios hassídicos, encarcelando a sus integrantes por varios días.
Piezas todas de un rompecabezas que parece indicar que estamos ante un caso de discriminación racial y religiosa, que debería motivar la intervención de organismos internacionales¦