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Liberados los 10 últimos uniformados colombianos en poder de las FARC

El Pais - España 2012-04-03
Caía la tarde en Colombia cuando en el aeropuerto Vanguardia de Villavicencio se avistó en el cielo el helicóptero en el que venían los seis policías y cuatro militares secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hace más de una década. A las seis menos cuarto de la tarde (una menos cuarto de la madrugada en la península Ibérica) el aparato tocó tierra. Las puertas se abrieron de par en par y ahí aparecieron los últimos miembros de las fuerzas de seguridad que permanecían prisioneros de la guerrilla: Luis Alfonso Beltrán, Luis Arcia, Róbinson Salcedo, Luis Moreno, César Lasso, Wilson Rojas, Carlos Duarte, Jorge Romero, Jorge Trujillo y José Forero. Ellos ya son libres. Pero el sufrimiento de los secuestros en Colombia aún no ha finalizado: se dice que son 405 civiles los que permanecen cautivos de grupos ilegales.

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En medio del calor que hace en esta población colombiana, uno por uno fueron bajando con pequeñas bolsas al hombro y mochilas en la mano. Tantos años de maltrato y aislamiento no opacaron las caras de felicidad de los liberados. Ya no llevaban cadenas y candados de acero, como cuando Colombia y el mundo los vio en las pruebas de supervivencia que entregó la guerrilla años atrás. Ahora vestían prendas militares y de policía. Uno de ellos tenía envuelta una bandera de Colombia. Otros, camisetas descoloridas y sudaderas negras. Lágrimas de alegría podían verse en algunos de sus rostros y con la mirada buscaban a lo lejos a sus familias, pero solo alcanzaban a ver policías, militares y desconocidos de la prensa.


Una vez los ya excautivos pisaron Villavicencio y vieron de nuevo, después de un secuestro interminable, a los familiares que tanto los esperaron, fueron trasladados a la capital, Bogotá, en un avión policial y otro militar. Allí fueron recibidos por altos mandos de las fuerzas de seguridad.

La recepción de Villavicencio, primera escala de la liberación, tuvo un componente controvertido, sobre todo a ojos de los familiares. A diferencia de otras liberaciones, a su encuentro en la pista aérea de Villavicencio no estaban los hijos, las esposas y los padres de los raptados, sino médicos del Ejército vestidos con batas blancas que los fueron llevando a paso lento hacia un salón aparte. Allí, en un espacio íntimo, los uniformados pudieron ver a solo dos de sus seres queridos. Eso molestó durante toda la angustiosa jornada a las familias, que tuvieron que soportar las casi siete horas que duró la misión humanitaria encerradas en un salón.

Pero los recién liberados no llegaron solos. Al salir de la pista, José Libardo Forero, uno de los secuestrados, caminaba al lado de un pequeño tapir, una especie de pequeño jabalí silvestre que se ve en las selvas de Colombia. Se lo regaló a Alan Jara, también liberado por las FARC en febrero de 2009 y hoy gobernador del departamento del Meta, quien se encontraba en Villavicencio para recibir a sus antiguos compañeros de cautiverio. “Me dio casi un libro con las instrucciones para cuidar al animalito. Y cuando me vio, me dijo ˜hola amigo™ en ruso, y se echó a reír, relató Jara a EL PAÍS minutos después de haberse visto con algunos de los liberados. Ambos estuvieron secuestrados juntos y Jara le enseñó algo de este idioma a sus compañeros cautivos. Otro de los liberados llegó con dos pájaros exóticos de muchos colores, seguramente sus mascotas en tantos días de soledad.

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Desde Bogotá, al filo de las siete de la noche en Colombia, el presidente de la República Juan Manuel Santos dio una alocución en la que daba la bienvenida a la libertad a los secuestrados. “Es un gesto que valoramos, dijo el presidente, pero “no es suficiente. Santos exigió a las FARC la liberación de los secuestrados civiles que están en su poder: “En el momento en que el gobierno considere que hay las garantías para que se inicie un proceso que nos lleve a parar el conflicto, lo haremos, puntualizó.

Al final del día, la exsenadora Piedad Córdoba también se pronunció desde Villavicencio y dijo que, a partir de ahora, la ONG Colombianos por la Paz buscará a los desaparecidos del conflicto del azotado país latinoamericano, e intentará visitar a los guerrilleros presos en las cárceles, idea que no le complace al Gobierno: “Tengo que insistir en el compromiso que tenemos para que nos autoricen a entrar a las cárceles. Hoy nos llena de satisfacción decir que cumplimos, y que lo conseguimos sin derramar una gota de sangre.

Un día de angustia


Mosaico de los liberados por las FARC. / EFE
Esta jornada de liberaciones comenzó el lunes a las diez y media de la mañana (siete horas menos que en la España peninsular) cuando el helicóptero brasileño modelo Cougar que llevaba a la Piedad Córdoba y a Gloria Amparo Sánchez, de Colombianos por la Paz (mediadora entre el gobierno y el grupo rebelde en el proceso de liberación), y a dos delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja, despegó de Villaviciencio para ir a recibir de manos de las FARC a los 10 secuestrados.

Durante todo el lunes, las familias de los cautivos vivieron horas de nerviosismo y tensión, pues la aeronave despegó del aeropuerto con dos horas de retraso debido al mal tiempo. Y aunque en un principio se había dicho que las liberaciones se iban a dar en dos días diferentes (lunes y miércoles), al mediodía, Gloria Cuartas, de Colombianos por la Paz, confirmó que el mismo lunes se darían las liberaciones de todos los cautivos.

Seis horas después de comenzar la misión humanitaria, María Cristina Rivera, portavoz de Cruz Roja, dio la primera noticia de los secuestrados en libertad: “entre los límites de los departamentos del Meta y Guaviare, las FARC-EP liberaron a cuatro militares y seis policías, la totalidad de las personas que había sido anunciada por este grupo armado, dijo desde Villavicencio.

A este punto se llegó después de que las FARC, en un comunicado del pasado 26 de febrero, anunciara la liberación de los policías y militares, y la suspensión del secuestro extorsivo: “Anunciamos también que a partir de la fecha proscribimos la práctica de ellas (retención de civiles a cambio de dinero) en nuestra actuación revolucionaria.