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La creciente desesperación de Irán - FAREED ZAKARIA

El Politico . com 2012-01-23
Estos días en todos lados la discusión es acerca de la fortaleza de Irán. Mitt Romney, el candidato republicano favorito, describe a Irán como "la mayor amenaza que enfrenta el mundo en el próxima década". Tanto él como otros están impresionados por las recientes declaraciones de Irán sobre su capacidad nuclear y sus pruebas de misiles. Newt Gringrich comparó el desafío iraní con el ascenso de la Alemania de Hitler. Los comentaristas más moderados también ven la creciente influencia de Irán y su poder en Medio Oriente.

La verdadera historia es que Irán está débil y se está debilitando cada vez más. Las sanciones empujaron su economía en picada. El sistema político está roto y fragmentado. En el extranjero, su más cercano aliado y el régimen del cual es casi su único seguidor -Siria- se está desmoronando. Las monarquías del golfo pérsico se unieron en contra de Irán y apuntalaron sus relaciones con Washington. La semana pasada, Arabia Saudí cerró la compra más grande de armamento de Estados Unidos. Mientras tanto, Europa está a punto de aprobar sanciones aun más intensas contra Teherán.

La forma más sencilla de medir la fortaleza de Irán es a través de su moneda. Cuando Barack Obama asumió la presidencia, con un dólar se podían comprar 9.700 riales. Desde entonces, el dólar se ha valorizado en 60% contra el rial, por tanto, se pueden comprar 15.600 riales. El presidente iraní Mahmoud Ahmadineja dijo recientemente al Parlamento que las últimas sanciones fueron "las más amplias que las que jamás se hayan visto" y que "este es el mayor ataque económico sobre una nación en la historia: todos los días, todas nuestras actividades bancarias y comerciales y nuestros contratos son monitoreados y bloqueados". Según informó Reuters esta semana, el precio de los alimentos básicos se ha disparado 40% en los últimos meses.

La reacción de Teherán respecto a la perspectiva de sanciones que afectan sus exportaciones de petróleo muestra su desesperación. En los últimos días, el vicepresidente iraní -una figura sin poder- y uno de sus almirantes amenazaron con bloquear el estrecho de Ormuz, invocando la expresión persa de que esto sería tan fácil como "beber un vaso de agua". Sin embargo, un alto comandante de las Guardias Revolucionarias -la principal fuente de poder de Irán- rápidamente dio marcha atrás al explicar que Teherán no tenía intención de bloquear el estrecho. Sería una locura hacerlo porque Irán sufriría más que cualquier otro país. El bloqueo del estrecho resultaría en un cierre total de las importaciones y exportaciones de Irán; y dado que un 60% de la economía de Irán proviene de la exportación de petróleo, esa medida no haría más que llevar al gobierno al estancamiento.

Estos desacuerdos públicos forman parte de la desorganización del sistema político iraní. Hace apenas dos años atrás, Ahmadinejad estaba aliado con el líder supremo de la nación, el ayatolá Ali Jamenei. Ahora, son adversarios. El bloque reformista, incluyendo el candidato presidencial Mir Hossein Mousavi, y el ex presidente Mohammad Khatami, también se oponen a Ahmadinejad. El clero no solo está dividido, sino que además está perdiendo poder. Por encima de todos ellos se encuentran las Guardias Revolucionarias, que están convirtiendo la teocracia de Irán en una dictadura cuasi militar. Nada de esto demuestra estabilidad política o fortaleza.

Mientras tanto, el programa nuclear de Irán está avanzando. Esto es inevitable: la tecnología nuclear tiene 70 años de antigüedad, Irán tiene una comunidad científica seria que ve el programa nuclear como un emblema de la seguridad nacional y el orgullo. Pero, ¿pensamos que Corea del Norte es fuerte y está creciendo porque tiene algunos dispositivos nucleares rudimentarios? (Vale la pena indicarles a aquellos, como Gringrich, que ven el cambio de régimen como la "solución", que Mousavi y otros líderes del Movimiento Verde de Irán apoyan firmemente el programa nuclear y han criticado a Ahmadineyad por ceder demasiado en sus ofertas en las negociaciones con Occidente.)

La administración de Obama ha puesto una enorme presión sobre Irán en varios frentes,

Una presión mucho mayor que la que la administración de Bush fue capaz de conseguir. En parte, esto se debe a que la presión fue ejercida, siempre que fue posible, junto con otros países. Estados Unidos no le compra petróleo a Irán. Pero las naciones europeas, Japón y Corea del Sur sí lo hacen, y si aceptan una nueva serie de sanciones entonces Irán enfrenta la posibilidad cierta de una economía en caída libre.

El gobierno de Obama parece haber concluido que el régimen iraní no está listo o no es capaz de hacer una reconciliación estratégica con Occidente.

El régimen está demasiado dividido y Khamenei, la máxima autoridad, está muy rígido ideológicamente. Así que por ahora, Washington quiere incrementar la presión sobre Irán con la esperanza de que, en algún momento, obligue al régimen a realizar una negociación seria.

Esta estrategia es comprensible. Pero también se está exponiendo a crear presiones que podrían tomar su curso propio, con consecuencias explosivas. El precio del petróleo está creciendo durante una crisis mundial únicamente por los riesgos políticos. Sin una estrategia cuidadosamente considerada, los riesgos van a aumentar. Cuando los regímenes de los países débiles enfrentan presiones, a veces pueden causar más problemas que los países fuertes.