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Muere en Bogotá el Rabino Mario Gurevich

KOL AIM 2018-05-30

El Rabino Mario Gurevich  arribó a Colombia a finales de los años 60. Fungió como Shojet y Rabino del Centro Isrelita de Bogotá, la Asociación Israelita Montefiore y la Nueva Unión Cultural Israelita de Cali.  La CCJC lamenta su muerte Z"L. *     

Discurso dado por el Sr. Abraham Bibliowicz y por el Dr. Roberto Chaskel en el Cementerio Hebreo del Norte en Bogotá, Colombia el 22 de mayo de 2018, 8 de Sivan, 5778 con ocasión del entierro del Rabino Emérito de la Asociación Israelita Montefiore, Dr. Mario Gurevich.

 
"Hemos preparado estas palabras para hacer un recuento justo del significado que ha tenido para todos los que estamos acá reunidos la vida de nuestro querido Rabino Emérito de la Asociación Israelita Montefiore, Dr. Mario Gurevich.

Estamos ambos parados aquí con la certeza de que nuestras voces se quebrarán como están quebrados nuestros corazones ante la prematura partida de nuestro guía, nuestro referente, nuestro maestro, nuestro amigo, nuestro Rabino.

Mario, como permitía que le dijéramos todos,  vivió en una época en la que no le  correspondía, era una mente renacentista, fue Shojet, fue historiador, conocedor como pocos de la historia del pueblo judío, profesor universitario, Rabino, piloto de aviación, medico gineco-obstetra, cocinero excelente y músico. Grabó con sus amigos Jorge Rubaja Z’L’ e “Iche” Priyotensky un disco de música argentina e inclusive estuvo estudiando acordeón vallenato. Lector incansable y poseedor de una memoria privilegiada.

El Rabino Gurevich llegó a la comunidad alemana de Bogotá al principio de los años 70, varios años después de que falleciera uno de sus fundadores y director espiritual,  el señor Fritz Kamm Z’L’.

Los esfuerzos de traer un Rabino a una comunidad  donde sus miembros podían compartir una sinagoga desde el ala ortodoxa hasta el ala liberal, provenientes de Alemania y Austria era complejo, y varios intentos anteriores habían sido infructuosos.

Mario recordaba con gracia cuando se sentó en 1970 con la Junta Directiva de la AIM liderada por José Honlein Z´L´ a definir su contrato. Después de pasar satisfactoriamente por sus conocimientos de la lectura de Torah y dirección de los servicios, la pregunta que tenían era: ¿¨que iban a hacer con su falta de conocimiento de alemán¨?

No podían imaginar la inteligencia, erudición y capacidad de la persona que habían contratado. Un año después, no solo el Rabino entendía perfecto alemán, sino que su congregación se fascinaba con sus prédicas en español de una profundidad de conocimiento filosófico y judaico equivalente al del país de origen de donde provenían. No solo él aprendió el alemán, sino ellos mejoraron su español.

Su primera meta no centrada en la vida sinagogal fue crear el primer movimiento juvenil dentro de una Comunidad en la era moderna en Bogotá. Ramah. Con 250 niños todos los sábados en la mañana en la sede de la carrera 20 con calle 37 el ruido y sonido de la AIM cambiaría para siempre. Llegaban en las pequeñas busetas y buses de la época. Hijos de padres que comprendían que viajar a la sinagoga en Shabat para vivir una vida judía era más valioso que no viajar en Shabat.

Del éxito de los sábados, con unos madrijim juiciosamente entrenados por él, salieron decenas de campamentos juveniles de verano en Santandercito y posteriormente en Chicalá y Villeta. Hoy conservamos recuerdos de una  juventud feliz y el inicio del camino de muchos jóvenes para hacer aliá y/o tornarse en judíos practicantes.

En 1972 la Junta se conformaba por 19 miembros con promedio de edad de 65 años. Como consecuencia de los cambios en la Comunidad, que la transformarían para siempre, en 1973, tres de los miembros de Junta Directiva eran muchachos de Ramah, haciendo en el seno de la Junta sus primeros pinos como futuros directivos.

Tomó en sus manos, con su maravillosa voz y talento profesoral musical, la tarea de formar los jazanim de la AIM. Para la muestra nuestro líder en ese campo, Daniel Rosenthal y otros que ya viven en otras latitudes y le deben su éxito en la vida al haberse cruzado con el Rabino Gurevich.

En el judaísmo de la diáspora, escribir con profundidad y reflexión quedó plasmado en las páginas del semanario Das Blatt en alemán hasta la llegada del Rabino Gurevich. De ahí en adelante la calidad de esos escritos se acompañó cada vez más con escritos suyos en español y de quienes convocaba con la misma profundidad y pasión. El Blatt cambio para siempre de formato y de orientación.

Una confluencia maravillosa en el tiempo fue la llegada a Bogotá del Rabino Gunther Friedländer Z’L’, emigrado de Chile en 1973. Ahora se sumaban los talentos e inteligencias de los dos hombres, el maduro y trillado con el joven, ávido de lo nuevo. La filosofía, el conocimiento judaico, la práctica religiosa y el judaísmo como forma de vida atrajo a centenares de jóvenes y a docenas de jóvenes parejas a la AIM.

En su misión como docente, el Colegio Colombo Hebreo tuvo en él el más erudito profesor de Historia del Judaísmo, materia que se salió de las paredes de la institución para ser dictada en la AIM en más de 20 ocasiones para beneficio de toda la Kehila de Bogotá.

En 1975 el Rabino de inquietud universal que era Mario Gurevich, bajo la tutela del Rabino Friedländer,  se fue por un lustro a México a trabajar con la B´nai Brith. Siempre regresó para acompañar al Jazan Joachim Preuss Z’L’ y al Rabino Friedländer en las Altas Fiestas en la AIM durante ese lustro.

Retornó a tomar las riendas de la AIM en 1980 por un breve periodo. Luego hizo realidad su sueño de estudiar medicina. Estudió  mientras que simultáneamente servía como Rabino del Centro Israelita Filantrópico de Barranquilla. Sus años en esa posición dejaron una huella profunda que se percibió por muchos años después, en el desarrollo de los servicios religiosos.

Posteriormente realizó su especialización de gineco-obstetricia durante tres años, mientras colaboraba con la Unión Israelita de Beneficencia en Medellín.

Hizo realidad un intento de retorno a la Argentina de sus orígenes, donde vivían su madre y sus tías. Su desempeño como médico fue difícil dada la situación política que atravesaba el país. 
 
En 1989, ante una AIM minada de membresía, con una sinagoga en la Carrera 20 con 37 y una población viviendo en el norte de la ciudad, se eligió una nueva Junta Directiva con  dos propósitos: conseguir un Rabino para la comunidad y llevar la sede a un lugar más cercano a donde vivían la mayoría de los miembros de la AIM. Mario era el Rabino que la comunidad traía para dirigir los servicios de las altas fiestas. Wolf Grünberg Z’L’ sugirió que él sería el Rabino adecuado para la AIM. Así fue como a finales de ese año, Mario llegó como Rabino de la Comunidad. Muy rápidamente, la relación de Presidente de la Comunidad y otros miembros de la Junta Directiva con el Rabino, evoluciono a una amistad franca y a una sociedad de intereses comunes en relación con la Comunidad.

La alegría cuando a Bogotá no solo regresó él sino más adelante su madre, doña Helena y su tía, doña Rosa Z’L’, nos mostró el deseo de permanecer con nosotros.

Nuestro Rabino en este segundo gran trecho logró, con la colaboración de toda la congregación, el traslado a varias casas en el barrio Las Margaritas, donde se mantenían los servicios, mientras se consiguió la casa que estaba en el sitio de nuestra sede actual. Fue Mario quien con su plan Terumá, impulso la construcción de lo que hoy es nuestra Sinagoga. Durante los años de la construcción, estuvo permanentemente dedicado a que todo funcionara, sin permitir que por no tener sede propia disminuyera la calidad de los servicios. Finalmente en el año 1998 se inauguró la sede actual.

Sea esta una oportunidad para nuevamente recalcar que si no fuera por Mario no tendríamos la vida comunitaria que hoy tenemos.  El Rabino Gurevich fue quien liberalizó los servicios religiosos al convencer a la Comunidad de la conveniencia de sentarnos las familias juntas, de que el oficiante se parara de frente a sus feligreses y tantos otros pequeños detalles, que condujeron a lo que hoy somos, una comunidad Conservadora del movimiento Masorti, orgullosa de serlo.

Entre los años 1999 y 2007, durante todos los años en que Mario no era el líder formal de la comunidad, nos acompañó y orientó. Uno más de sus grandes legados fue el reto de que una comunidad sin rabino también podría vivir y florecer. Así nos llevó por el camino de la autogestión. Camino cuyas huellas aún se sienten. Nosotros aprendimos a liderar los servicios, a dar los sermones, a organizar las altas fiestas, el Seder de Pesaj e infinidad de otras actividades como los grupos de lectura, los cursos de historia y el ya extinto curso de idish.

En Cali laboró intensamente con Arnoldo Bromet para darle cuerpo a la Nueva Unión Cultural Israelita, trabajo del que estuvo orgulloso.

Mario fue por sobre todo un Maestro, sus cursos, sus predicas y sus conferencias, siempre profundas, a la vez que sencillas para que todos pudiesen comprender. Tuvo una vida plena e hizo lo que se proponía. En la ceremonia cuando se graduó de piloto, fue él el encargado del discurso de los graduandos. Habló haciendo una alegoría de la fábula de Ícaro y su deseo de volar para acercarse al sol.

Con esa elocuencia y saber suyos impresionó a todos quienes le escuchaban, pues mostró a sus compañeros, profesores y amigos, la importancia de la prudencia y como los valores que se precian entre las personas son válidos hasta en la forma de conducir esas maravillosas máquinas de volar.

Mario con su infinito talento también dirigió brevemente la comunidad de Aruba, una de las comunidades  en Praga y fue profesor en Sidney, Australia. Como un detalle de su brillantez cuando se propuso a aprender checo para ir a vivir a Praga, le pidió a una de sus feligreses cuyos padres llegaron de Checoeslovaquia una biblia en checo. Se leyó la biblia en checo y con ella volvió meses antes de su viaje a Praga hablando en checo con la feligrés.

Su amor por la música, sus interpretaciones en guitarra, su manejo de la percusión, su voz al cantar, su talento al sazonar sus platos favoritos o los experimentales, el disfrute de la mesa, de la buena y profunda lectura, sus citaciones de la poesía latinoamericana, ladina y judía, su humor, sus férreas posiciones políticas, su convicción de que la ignorancia no daba derecho a opinar, todo ello nos deja un vacío prematuro y profundo.

Su discreción era más allá de cualquier expectativa, lo que alguien le confiara jamás se volvió chisme o fue conocido por boca de él. Cuando se sabía era porque el afectado se lo había confiado a alguien más. Fue el amigo en quien se podía confiar y quien estaba dispuesto cuando se le necesitaba, sin exigir retribuciones ni favores. Era un amigo sincero e incondicional.

Su calidez humana, y su don de gentes, eran muy superiores a lo que ninguno de quienes lo conocíamos pensamos que era. En los últimos días, cuando se supo que había fallecido, muchas personas se nos han acercado a relatarnos anécdotas personales, de situaciones en las que Mario, mediante un consejo, una frase adecuada o una observación, les ayudo a resolver situaciones que consideraban mucho más difíciles.

Fue un excelente y dedicado hijo. Fue un abuelo vanidoso. En los años recientes, cuando se hablaba de los nietos, con gran orgullo decía que él estaba premiado pues ya tenía seis bisnietas, además de presumir de los éxitos de cada uno de sus nietos. Eran conversaciones poco frecuentes, pues no gustaba de hablar de sus cosas si no era en círculos de total confianza.

Se fue, y deja un inmenso vacío. Ya no se puede coger el teléfono y llamar cuando se tiene una duda sobre temas de religión o de historia judía, con la certeza de tener una respuesta inmediata y correcta.

El legado de su vida, moverá la nuestra como personas y como comunidad. De ahí solo nos resta decir: GRACIAS MARIO POR HABER SIDO PARTE DE NUESTRA VIDA.

SHALOM RAV, ADIOS AMIGO."