Noticias

Las raíces de las actitudes anti-israelíes “ Por Prof. Efraim Inbar

Hatzad Hasheni - Israel 2016-01-13
Las razones para el rechazo de Israel son numerosas y a menudo se refuerzan mutuamente. El cristianismo y el Islam, las religiones que tienen entre sus fieles a la mayoría del mundo, son críticos hacia el judaísmo por su rechazo a sus conceptos de la redención, mientras que la historia única de Israel como un pueblo antiguo que ha regresado a su patria histórica no es fácilmente aceptado por estos. Parte del mundo musulmán y occidental ve el establecimiento de Israel a través de un prisma colonialista, por el cual las potencias occidentales han plantado un estado judío en el Medio Oriente para mejorar su control en esta región. Por otra parte, las actitudes post-nacionalistas en occidente son críticas hacia el nacionalismo judío. Además, la izquierda radical, tradicionalmente hostíl al sionismo, se ha vuelto más influyente en muchos países. La alianza Roja-Verde, cuya principal basa es su anti-americanismo percibe, con razón, a Israel como un aliado de Estados Unidos. Además, la memoria del Holocausto para los no-judíos es cada vez más distante. Por último, la animosidad hacia Israel es alimentada por las actividades de confundidos judíos.

Israel está siendo demonizada y señalada por los medios de comunicación y organismos internacionales. Israel es acusada de uso excesivo de la fuerza, a pesar de sus grandes esfuerzos para minimizar los daños colaterales, mientras que apenas se mencionan las masacres del régimen de Assad o los terribles daños colaterales por los ataques saudíes en Yemen. La UE decidió marcar los productos de los asentamientos israelíes más allá de la “Línea Verde, no adoptando ninguna medida similar para los productos del norte de Chipre (ocupada por Turquía), o el Tíbet (ocupada por China), o del Sáhara Occidental (ocupada por Marruecos). Israel, un Estado democrático, está acusada de violaciónes a los derechos humanos, mientras que la ONU ignora las violaciónes de los derechos humanos de muchos de sus miembros.

Las razones para el rechazo del Estado judío son numerosas y, a menudo, se refuerzan mutuamente.

En primer lugar, hay una base teológica para el odio hacia los judíos y a Israel. Para las dos grandes religiones, el cristianismo y el Islam, que comprenden aproximadamente a la mitad de la población mundial, los judíos son problemáticos. Consideraciones teológicas han producido siglos de antisemitismo. Aunque no todos los cristianos y los musulmanes son antisemitas, sus culturas están impregnadas con motivos antisemitas.

El deicidio es un motivo principal en la tradición cristiana. Sin embargo, los obstinados judíos han, a través del tiempo, rechazado consistentemente las condiciones cristianas para la redención. Del mismo modo, el Islam era consciente del rechazo judío hacia el profeta Mahoma. Mientras los judíos, como pueblo del libro, no son considerados infieles para el islam, si están relegados a la Dhimmitud “ ciudadanos de segunda clase.

Podemos detectar intentos dentro del cristianismo para cambiar las actitudes hacia los judíos. Queda por ver el éxito que tendrán estas iniciativas. Por el contrario, muy pocos líderes religiosos musulmanes han participado en esfuerzos similares. Además, el auge del islamismo radical también se traduce en el endurecimiento de las actitudes hacia los judíos, tanto entre los musulmanes como en los árabes.

En segundo lugar, la historia única de Israel no siempre es fácil de aceptar. Israel refleja un viaje sin precedentes de un antiguo pueblo en la diáspora que va de regreso a su tierra natal. Después de 2000 años, los judíos volvieron a restablecer su estado. La yuxtaposición de la historia sionista de Israel contra la de los palestinos no siempre es convincente. A menudo, los sionistas tienen que explicar que una gran proporción de los árabes en Palestina llegaron en el siglo XIX. Además, la mayor parte del mundo no se acuerda que los árabes en Palestina han rechazado todas las propuestas de compromiso, y que los intentos de coexistencia fueron contrarrestados con una violencia rampante. Para justificar la historia de Israel se necesita un conocimiento previo y hay que tener en cuenta que muchas personas no prestan atención a los detalles históricos. El sionismo es un movimiento nacional muy diferente de otros. Los judíos están actualmente involucrados en una trágica lucha con una población que es vista por muchos como nativos oprimidos.

De hecho, parte de occidente está mostrando sentimientos de culpa por su pasado colonial, que se proyectan sobre el conflicto árabe-israelí. El establecimiento de Israel se ve a través de un prisma colonialista, según el cual las potencias occidentales han implantado un estado judío en el Medio Oriente para mejorar su control de esta región. El mundo musulmán ha adoptado, en gran medida, esta perspectiva, lo que refuerza su hostilidad religiosa hacia el Estado judío. Israel es visto por los árabes como una nación de cruzados modernos que están condenados a desaparecer.

En tercer lugar, somos testigos, sobre todo en occidente, de actitudes post-nacionalistas muy generalizadas que son críticas hacia el particularismo nacionalista. Por ejemplo, los jóvenes europeos adoptan identidades transnacionales. Se consideran como europeos en lugar de pertenecer a una nación en particular. Una nueva identidad transnacional se siente alentada por la difusión de la filosofía multicultural. El multiculturalismo ofusca a las identidades nacionales particulares.

Por el contrario, Israel es un fenómeno nacionalista, cuando en ciertos círculos, sobre todo entre la izquierda, el nacionalismo se ha convertido en algo sospechoso. El nacionalismo es, a menudo, sinónimo de patrioterismo y los conservadores son mostrados como gente de mente estrecha. Por otra parte, algunos reducen el judaísmo como un fenómeno religioso solamente, negando la legitimidad de su manifestación nacional.

En cuarto lugar, la izquierda radical, que ha sido tradicionalmente hostil hacia el sionismo, se ha convertido en muchos países en una fuerza muy influyente. Tal cambio lo vemos en los partidos socialistas de Europa. Por ejemplo, el nuevo líder laborista en el Reino Unido, Jeremy Corbyn, se sitúa muy lejos dentro de la izquierda y, por supuesto, es anti-israelí. El presidente Barack Obama en los EE.UU. es parte del ala izquierdista del Partido Demócrata, y es quien ha sido más crítico hacia las políticas de Israel que otros elementos en el espectro político estadounidense.

En quinto lugar, somos testigos de la alianza Roja-Verde. Su basa principal es su antiamericanismo. Los Rojos (marxistas y comunistas) y los Verdes (Islamistas) no les gusta Estados Unidos por lo que representa mientras que Israel es percibida, con razón, como un aliado incondicional de Estados Unidos, por lo que por extensión no les gusta tampoco Israel. La alianza Roja-Verde es actualmente una fuerza política fuerte, sobre todo en Europa, donde se encuentran las minorías musulmanas cada vez más grandes.

En sexto lugar, la memoria del Holocausto para los no-judíos es cada vez más distante. Los sentimientos de compasión por el sufrimiento judío son más débiles hoy y no pueden superar a las arraigadas disposiciones culturales antijudías. Por desgracia, esos sentimientos a veces son reemplazados con una simpatía pervertida hacia los palestinos que son retratados como las víctimas de un comportamiento israelí de tipo nazi. Por otra parte, los palestinos han capitalizado esto con la propaganda sistemática para cultivar su percibida situación constante de víctima.

En séptimo lugar, parte de la animosidad hacia Israel es el resultado de las actividades de los propios judíos. A menudo, escuchamos a los críticos de Israel diciendo: “Yo leí este argumento en Haaretz. Tenemos organizaciones como “Judíos por la Justicia en Palestina, y paralelamente tenemos a “Judíos para Jesús. En los EE.UU., el lobby J-Street se une a las campañas anti-israelíes.

Por desgracia, tenemos que reconocer que el odio hacia Israel es omnipresente al igual que la hostilidad hacia los judíos siempre ha sido un fenómeno histórico muy extendido. Las políticas israelíes difícilmente puedan cambiar esta situación. Mientras que se enfrenta a una lucha cuesta arriba, la diplomacia pública de Israel no debe desistir en sus esfuerzos para retratar a Israel como un faro moral en la Edad Oscura que se ha abatido sobre el Medio Oriente.

Este documento fue inicialmente publicado por el Instituto para el Estudio del Antisemitismo Global (ISGAP). Inbar, Efraim, director del Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos, es profesor de estudios políticos de la Universidad de Bar-Ilan y miembros del Foro Shillman-Ginsburg para el Medio Oriente. http://besacenter.org/perspectives-papers/the-roots-of-anti-israeli-attitudes/