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DANIEL SHOER ROTH: De rabinos hippies a judaísmo renovador

Nuevo Herald - Miami 2011-10-25
En el sentido convencional, el término Rosh Hashaná significa “cabeza del año. Es el 1ro de enero del calendario judío.
En etimología hebrea, shaná o año comparte su raíz gramatical con las palabras shinui (cambio), shoné (diferente), y leshanot (modificar). Por eso se dice que Rosh Hashaná conlleva la idea de renovación, revisión, transformación.
Año tras año, los judíos manifestamos en las plegarias de las festividades del Año Nuevo la voluntad de cambio. Pero pocas cosas le son tan difíciles al ser humano “y a las instituciones religiosas“ como cambiar.
Por su longevidad, el judaísmo se ha visto forzado a adaptarse, a veces a regañadientes, a diferentes cambios. El judaísmo original, la versión bíblica, fue la base hace dos mil años del judaísmo rabínico o talmúdico. Este último, a su vez, sentó las bases del judaísmo halájico, el cuerpo de leyes judías bíblicas y talmúdicas observadas hoy por la rama ortodoxa.
Otras transformaciones del judaísmo devinieron a raíz de hitos históricos: la expulsión de España, la Ilustración, el jasidimo y el surgimiento del movimiento reformista en Alemania a finales del siglo XIX.
El cambio más reciente “reciente en el contexto de la historia milenaria de los hijos de Israel“ es un movimiento menos conocido, incluso en círculos judíos, que está ganando terreno rápidamente en Norteamérica y ha comenzado una metamorfosis de la institucionalidad del judaísmo.
Se llama judaísmo renovador ( renewal) también conocido como neo-jasidismo, una rama transdenominacional basada en las tradiciones proféticas y místicas del judaísmo. Es nuestra versión de la Nueva Era “aunque los renovadores se oponen a emplear este término“ que redefine la relación entre el hombre y Dios como un socio, no como un rey o padre.
En el aspecto religioso, su propósito es rescatar la espiritualidad rabínica de los maestros cabalistas y jasidistas, estudiando sus textos y practicando la sanación, meditación y crecimiento personal. Al mismo tiempo, es ultra moderna y liberal: las mujeres participan en los ritos, igual que los hombres, poblaciones marginadas como judíos gay y matrimonios mixtos interreligiosos son bienvenidas, y no teme explorar prácticas del budismo o el sufismo.
Yo, que me defino como judío interdenominacional, universalista y sionista, que ama la observancia tradicional y la cultura hebraica o yiddishkeit, me arriesgaría a definir el movimiento de renovación como una antítesis: un avance hacia atrás; el pasado en el futuro.
Sus inicios se remontan a mediados del siglo XX, cuando el Rebe del movimiento jasídico Lubavitch, Menachem Mendel Schneerson, envió a dos acólitos, los rabinos Shlomo Carlebach y Zalman Schachter-Shalomi, a conquistar los corazones de los judíos universitarios que estaban prácticamente asimilados a otras fe o al secularismo.
Es una larga historia, pero la comunidad que creció alrededor de Reb Zalman y Reb Shlomo, conocidos como los rabinos hippies, eventualmente se desvió del jasidismo tradicional, creó sus propias instituciones y plantó las semillas de la renovación.


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