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El Rabino Guido Cohen comparte su experiencia en Cúcuta

KOL AIM 2015-09-11
En el día de ayer viví una experiencia muy fuerte, impactante desde todo sentido. Junto a un grupo de voluntarias de las damas de la CHS y a Marcos Peckel (Director Ejecutivo de la CCJC y miembro de la junta del CIB) viajamos en representación de la comunidad a Cucuta a entregar la ayuda social que se recolectó en nuestras comunidades en las últimas semanas.
Cuando surgió la posibilidad de participar en este proyecto no lo dudé ni un instante, debíamos sumarnos y hacer todo lo que estuviera a nuestro alcance para ayudar. No se trataba sólo de juntar las donaciones, sino de pensar la logística para llevarla al centro en donde se cargaría todo, colaborar con el cargado de los camiones y finalmente colaborar con la distribución en destino.

La semana previa a los Iamim Noraim es, como se deben imaginar, una semana de trabajo intenso para los rabinos. Y sin embargo, algo en mi corazón me decía que no había destino más importante para mis energías que colaborar en este desafío representando a todos los miembros de nuestra comunidad que acercaron sus donaciones o ayudaron con la logística. Y así fue como ayer pasé el día en Cucuta, visitando albergues, centros de acopio, hoteles transformados en residencias temporales para desplazados, etcétera. Descargamos dos camiones llenos de donaciones: comida, aseo personal, medicamentos, juguetes, útiles escolares, colchones y más cosas. La ayuda parecía enorme cuando la cargamos en el Impact Hub en Bogotá, pero era insignificante cuando uno miraba el tamaño de la necesidad de los desplazados.

Oímos todo tipo de historias. Gente que dejó media familia en Venezuela, venezolanos que vinieron a trabajar por el día y no podían regresar, niños que cruzaron la frontera a pie atravesando rio, monte y alambres de púa, mujeres que dejaron su hogar sin nada más que sus hijos recién nacidos en brazos, padres y madres que levantaron a sus hijos con sarampión o varicela porque eran expulsados de sus hogares. Cada historia golpeaba más que la anterior.

Y allí entendí, que no había preparación mejor para los Iamim Noraim que arremangar la camisa y transformar nuestros brazos en herramientas del desafío de transformar el mundo en un lugar más justo y equilibrado. Más poderoso que repasar el Majzor y conmoverse ante su imponente poesía, más inspirador que volver a leer las lecturas de la Torá para preparar sermones más atractivos, más relevante que revisar que no faltara nadie en la lista de tarjetas a enviar saludando por el nuevo año. Arremangar la camisa y extender el brazo para que quien se siente despojado de todo, al menos no se sienta tan solo.

Podría haber aprovechado esta columna para recordarles tradiciones y costumbres de Rosh HaShaná, para pedirles que no dejen de venir a la sinagoga, o simplemente para desearles un año dulce. Pero conmovido ante lo que viví ayer, prefiero intentar humildemente, inspirarlos para que en el año que comienza nos propongamos juntos seguir transformando el mundo. Debemos trabajar fuertemente para que nuestra comunidad realice más campañas como esta, para que el judaísmo de nuestros textos y oraciones se haga acción concreta que sana y repara.
Los invito a que juntos, como comunidad, nos propongamos realizar en el año entrante al menos 4 acciones fuertes de intervención en nuestra sociedad para ayudar a los que más nos necesitan.

Sólo así, las palabras y oraciones que ofrecemos en este tiempo del año tendrán verdadero sentido, honrando el sentido más puro de los valores milenarios de nuestro pueblo.
Que comencemos todos un año de transformación interior que pueda no sólo cambiarnos sino inspirarnos a cambiar el mundo.
Mis bendiciones para cada uno de ustedes en este año entrante. Que podamos siempre reencontrarnos para celebrar en comunidad la bendición de pertenecer a un pueblo que sueña con un mundo mejor y dedica sus energías para concretar ese sueño

¡Shaná Tová uMetuká!