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El boicot a Israel

Caracol Radio - Blogs 2015-06-20
MARCOS PECKEL*

A algunos presidentes de grandes corporaciones se les puede aplicar el adagio suben como palmas y caen como cocos".

El presidente de Orange, el gigante francés de las telecomunicaciones, Stéphane Richard, aprendió una lección de humildad tras sus infortunadas declaraciones hace pocos días en El Cairo en las que manifestó: “Si pudiera me iba de Israel mañana mismo, dando a entender que apoyaba el boicot al Estado judío.

Pocos días bastaron para que el señor Richard reculara y viajara a Israel a pedir disculpas personales al primer ministro y al pueblo de Israel ante la tormenta que desató su diatriba, la posibilidad de una pérdida masiva de suscriptores y una desautorización por parte de su jefe, el presidente galo Francois Holland.

En los últimos años ha aparecido en el panorama internacional una virulenta campaña que romueve el boicot a Israel, conocida como BDS, sigla de Boicot, Desinversión y Sanciones. Su objetivo es hacer que empresas retiren sus inversiones de Israel, que organismos internacionales sancionen o suspendan al Estado Judío y que artistas, académicos, científicos, deportistas y otros boicoteen a Israel o se abstengan de cualquier contacto con instituciones o ciudadanos israelíes.

El BDS se inspira en una ideología de odio, profundamente antisemita, cuyo objetivo no es lograr una solución pacífica al conflicto palestino-israelí o mejorar la situación del pueblo palestino. BDS culpa a Israel como único responsable del conflicto, ignorando convenientemente el terrorismo de Hamas y otras organizaciones cuyo único objetivo ha sido y es la destrucción del Israel. Varios de los más visibles defensores de BDS propenden simple y llanamente por la desaparición del Estado Judío.

La campaña de BDS ha sido denunciada incluso por personalidades altamente críticas de Israel, incluidos palestinos, por contraproducente y por contener un claro dejo antisemita. No es extraño encontrarse en la propaganda de organizaciones que promueven el BDS, negación del Holocausto y expresiones del antisemitismo clásico extraídas de “Los protocolos de los sabios de Sion. La campaña de BDS trae a la memoria el boicot a los negocios judíos impuestos en la Alemania Nazi.

En las manifestaciones y plantones que realizan los activistas del movimiento BDS, en universidades especialmente, a muchos se les nota “la sangre en los ojos, producto de la visceral hostilidad que sienten hacia todo lo judío, comenzando por el Estado Judío. De igual manera, el panfletario lenguaje utilizado por los cabecillas del movimiento cuando se dirigen a artistas o académicos que van a presentarse en Israel destila odio puro, además de las múltiples falsedades, tergiversaciones y en ocasiones amenazas veladas que acompañan sus misivas. Cuando empresas no siguen sus dictados, recurren a la violencia como ha ocurrido en algunos supermercados donde militantes de BDS destruyen productos “Made in Israel. Basta leer los comentarios y comunicados de BDS motivados por la próxima presentación de Juanes en un megaconcierto en Israel a finales del presente mes de Junio, para entender que el odio es el único motivante de esa campaña.

De manera alguna se puede entender la campaña de BDS como una que promueve la solidaridad con el pueblo palestino o una solución justa al conflicto con Israel.

Magros han sido hasta ahora sus logros, más allá de uno que otro artista que ha tomado la decisión de no presentarse en Israel o de organizaciones sin mayor relevancia que han anunciado su apoyo a la iniciativa. Cuando la Asociación de Estudios Americanos - agrupación de universidades que ofrecen programas sobre Estados Unidos- votó por escaso margen su adhesión al BDS, inmediatamente las más prestigiosas universidades de ese país denunciaron el boicot como un acto abiertamente discriminatorio y varias renunciaron a su membresía. En el último congreso de la FIFA, el intento de la Asociación de Fútbol de Palestina por expulsar a Israel fracasó estruendosamente por falta de apoyo. El traslado de la planta de producción de la Fábrica “Soda Stream, cuya imagen es la connotada actriz Scarlett Johansson, de Cisjordania al desierto del Negev por presiones de BDS, afectó únicamente a centenares de trabajadores palestinos que perdieron sus empleos.

BDS ha atraído a simpatizantes legítimos de la causa palestina, incluyendo judíos y ciudadanos israelíes que bogan por la solución de dos Estados, que desean acabar con la ocupación de Cisjordania y ver una Palestina libre e independiente al lado de Israel. Estos apoyan una causa justa por el camino equivocado, pues nada de eso traerá el boicot. Mucho más efectivo sería que presionaran a los líderes de Palestina a negociar de buena fe, a que Fatah y Hamas zanjen sus irreconciliables diferencias a favor de la paz para los dos pueblos y a que Hamas renuncie al terrorismo y reconozca a Israel. Sólo entonces surgirá la esperanza de una paz justa para Israel y Palestina.