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Egipto abandera la lucha contra la yihad tras la matanza de 21 coptos en Libia

ABC - España 2015-02-13
Bombardea posiciones de los extremistas en la localidad de Derna y pide a EE.UU. y a los aliados que se sumen a los ataques*

Egipto llora por los 21 coptos decapitados por los yihadistas del Estado Islámico (EI) en una playa de Libia. Miles de personas participaron en Al Our -aldea al sur de El Cairo de donde salieron trece de las víctimas a buscar trabajo en el país vecino- en los funerales de las víctimas de una matanza que ha llevado a Egipto a seguir los pasos de Jordania.

Como hizo el Rey Abdulá II tras la difusión del vídeo del piloto Moaz Al Kasasbeh quemado vivo ante las cámaras, el presidente Abdul Fatah al Sisi clamó venganza y envió sus cazas a bombardear «los cuarteles, posiciones, lugares de concentración y entrenamiento y almacenes de armas» de los yihadistas en suelo libio. Una operación en la que habrían muerto 64 milicianos, entre ellos tres destacados líderes, según declaraciones al diario egipcio Al Ahram del mayor Mohamed Hejazy, portavoz militar del gobierno libio reconocido por la comunidad internacional y que también envió a su aviación a bombardear al EI. Hejazy negó las informaciones difundidas por el gobierno rebelde de Trípoli sobre la muerte de al menos seis civiles, tres de ellos niños, y las calificó de «propaganda».

Los ataques se centraron en Sirte y, sobre todo, Derna, pueblo de pescadores de la costa este de unos 50.000 habitantes, famoso por el carácter belicoso de sus habitantes y por haberse convertido en el bastión del EI en Libia después de que las principales milicias locales, con fuerte presencia de veteranos de la yihad en Irak, jurasen lealtad a Abu Baker al Bagdadi.

Egipto, que hasta la fecha ha sido incapaz de frenar al brazo del EI que opera dentro de sus fronteras en el desierto del Sinaí, se lanza a una operación en suelo extranjero que para analistas como Hasan Hasan, «no es un movimiento estratégico, sino que se trata más bien de intentar contener el enfado dentro del país, al igual que en Jordania».

Intervención internacional
La Libia pos-Gadafi es un país roto en mil tribus en el que el gobierno apoyado por la comunidad internacional se parapeta desde agosto en Tobruk tras haber sido expulsado de Trípoli por la coalición Amanecer Libio, en la que hay una fuerte presencia islamista aunque oficialmente rechace cualquier vínculo con Al Qaida. El primer ministro, Abdula Al Thini, se sumó a la petición de El Cairo sobre la necesidad de una «intervención firme» de la comunidad internacional para frenar el avance yihadista y puso sobre la mesa la posibilidad de extender a suelo libio de los actuales bombardeos que lidera EE.UU. en Siria e Irak. Al Thini alertó del riesgo de que «la amenaza se extienda rápidamente a Europa, especialmente a Italia», en referencia al mensaje que los propios yihadistas lanzaron en el vídeo de la decapitación de los 21 coptos en el que un encapuchado aseguraba: «Hoy estamos al sur de Roma, en la tierra del islam».

La petición de ayuda militar al exterior de las autoridades de Tobruk se convierte en «condena por la violación de la soberanía nacional» en boca de los responsables del Congreso General de la Nación, órgano de gobierno rebelde en Trípoli, que se opuso a unos bombardeos de Egipto que no son los primeros, aunque sí los más mediáticos y los primeros reconocidos de forma oficial. En medio del caos libio Abdul Fatah al Sisi también mueve sus peones y apoya al general Jalifa Haftar, leal hasta el momento al gobierno respaldado por Occidente, a quien habría dado cobertura aérea en varias ocasiones en sus combates contra la coalición rebelde, Al Qaida y el EI. Al Sisi recibió el respaldo de la Liga Árabe, que habló de «derecho legítimo de Egipto a defenderse», y del presidente francés, François Hollande, quien cerró la venta al país árabe de 24 aviones cazabombarderos Rafale.

Así las cosas, el Papa expresó su dolor por el asesinato de los veintiún coptos: «Los mataron solo por ser cristianos. La sangre de nuestros hermanos es un testimonio que grita», afirmó.