Noticias

Ensayando la futura Siria en Zaatari

El Mundo - España 2014-03-17
Los refugiados de este campo en Jordania participan en su gestión y organización**

La forma de dirigir Zaatari cambia el paradigma de distribución de la ayuda en el mundo**

"Es una manera de devolverles la dignidad", afirma el director del campamento**

Asomarse al campo de refugiados de Zaatari (norte de Jordania) es hacerlo a una ventana que da a la guerra en Siria. Con casi 100.000 refugiados, este lugar en las trincheras de la ayuda humanitaria es sólo la punta del iceberg de la catástrofe, que cumple ya tres años desde el inicio de las primeras protestas contra el régimen de Bashar Asad.

Desde que fue abierto, en julio de 2012, se han vivido meses complicados en los que la violencia parecía haber viajado dentro de las almas de los refugiados. La convivencia no ha sido fácil. "Vimos agresividad y violencia. Cada uno de estos refugiados había llegado aquí por la fuerza y muchos habían perdido a sus familiares. Y estaban también enfadados con la comunidad internacional, porque a sus ojos nadie hacía nada", explica Kilian Kleinschmidt, director del campo desde hace justo un año.

Así que también dirigían su ira contra los trabajadores de las agencias humanitarias. Hubo una época en que Zaatari era un pequeño campo de batalla. "Cada día, alguien era apedreado, golpeado, amenazado...", recuerda Kleinschmidt.

Funcionar de nuevo como sociedad

Kleinschmidt, quien previamente dirigió el campo de refugiados somalíes de Dadaab, en Kenia (que con más de 450.000 habitantes es el mayor del mundo), estableció un diálogo con los líderes de la comunidad e intentó dar instrumentos a los refugiados para funcionar de nuevo como sociedad. Detectó "su obsesión por la libertad, por contestar a cualquier tipo de dictadura" e intentó implicarles y ponerles límites.

Puso en marcha una gestión innovadora en la que participan los refugiados y que está haciendo que Zaatari marque un cambio de paradigma en la manera de distribuir la asistencia humanitaria en otros rincones del mundo. "Es una forma de prepararles para el regreso, para que construyan su futuro en Siria", incide.

Hoy la situación del campamento ha mejorado considerablemente desde la última vez que EL MUNDO lo visitó, hace un año. Los incidentes violentos han descendido un 300%. "La clave ha sido que comprendan que estarán aquí un poco más de lo que pensaban".

Mantener el campamento cuesta medio millón de dólares al día (casi 360.000 euros). La Comisión Europea, a través de su agencia humanitaria, ECHO, es el principal sostenedor. Este año aportará 46 millones de euros.

60 mezquitas y 100 barberías

Con sus problemas internos, sus relaciones exteriores, su ciudad vieja (el primer núcleo de población que se estableció en el lugar), sus mega avenidas, sus 60 mezquitas y 100 barberías, sus 50 burros -todos llamados Bashar- y sus 20.000 contenedores algo más cerca que las 'jaimas' del concepto de hogar -con plantas, lavadoras, televisión, parabólica y frigorífico-, Zaatari casi es un ensayo de la futura Siria. En el último año han proliferado las tiendas y el campamento cuenta ahora con dos calles comerciales llamadas irónicamente la Avenida de los Campos Elíseos y la Quinta Avenida.

"Dentro de un mes, no habrá distribución de comida", revela Kleinschmidt. "Todo el mundo podrá comprar la comida que necesite y quiera a través de unos bonos que canjearán en las tiendas", explica. "Dentro de dos meses, cada familia tendrá una tarjeta Mastercard para ir de compras a las 16 tiendas y dos supermercados de la zona», añade.

"Es una forma de devolverles la dignidad y de confiar en que cada familia elegirá lo que quiera comer o vestir", resalta."Estamos cambiando la forma de proveer los servicios a los refugiados", valora. Zaatari también es una ventana al futuro de Siria.