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El Espectador - Colombia 2013-12-11
Marcos Peckel **

Más allá del significado etimológico del vocablo, en la práctica antisemitismo es una sola cosa: Odio a los judíos.

Una práctica que ha mutado con los tiempos y las circunstancias del pueblo y las comunidades judías en el mundo. La Unión Europea en el año 2005 estableció la que se conoce como “Definición de Trabajo del antisemitismo, adoptada posteriormente en el denominado “Protocolo de Ottawa. Esta definición incluye dentro de lo que es antisemitismo además del tradicional odio a los judíos, el uso de violencia contra personas o instituciones religiosas hebreas y la vieja acusación de Deicidio, otros elementos acordes con nuestros tiempos. Es antisemitismo: la negación del Holocausto, las acusaciones de “conspiraciones judías universales o “maquinaciones del poderoso lobby judío a la usanza de los Protocoles de los Sabios de Sion, las acusaciones a “Los Judíos por hechos cometidos por individuos y acusar a los judíos o al Estado de Israel de exagerar el Holocausto.

También se considera antisemitismo acusar a los judíos, maliciosamente, de “doble lealtad, hacia Israel y sus países de origen.
Con respecto al tema de Israel la “Definición de Trabajo determina inequívocamente como antisemitismo, negar el derecho del pueblo judío a su autodeterminación y a su Estado, acusar al estado hebreo de prácticas iguales a las de los nazis, acusar a los judíos de la diáspora de responsabilidad por actos cometidos por el Estado de Israel y aplicar doble moral exigiéndole a Israel un comportamiento diferente al que se le exige a otros estados democráticos.

El Sionismo es el movimiento nacional del pueblo judío, que llevó a la creación del Estado de Israel y mantiene el apoyo al estado judío. El anti-sionismo es un conveniente disfraz para aquellos antisemitas que desean ser políticamente correctos. No hay duda que el conflicto palestino israelí, tiene el cubrimiento mediático y el prominente lugar en la agenda internacional por el hecho de que Israel es el estado Judío. Si la confrontación de los palestinos no fuera con los judíos, pesaría mucho menos como lamentablemente ocurre con la minoría musulmana, los Rohingya, en Myanmar, los cristianos en Irak, Egipto y Nigeria, las decenas de miles de muertos en Siria, los shiitas en Pakistán o los tamiles en Sri Lanka.

Por lo anterior el conflicto palestino-israelí despierta fuertes pasiones que hacen que en ocasiones se pierda la perspectiva y el hecho que las narrativas de ambos pueblos, el judío y el palestino, chocan en la realidad de un pequeño territorio en el que ambos pueblos tienen su herencia histórica, religiosa y nacional, por lo que el conflicto sólo puede ser resuelto con el establecimiento de un Estado palestino independiente al lado de Israel.

Cuando el conflicto se resuelva, el antisemitismo encontrará entonces otras formas de expresión. Así ha sido siempre.