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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la entrega de la Orden de Boyacá a la empresa Stanton

CCJC - Prensa 2013-11-18
La Confederación de Comunidades Judías de Colombia felicita a Stanton y su presidente Ronald Bakalarz por la Orden de Boyacá entregada por el Presidente de la República en ceremonia realizada en el Carmel Club Campestre de Bogotá.

Ronald ha sido un incansable activista comunitario, expresidente de Macabi Mundial y de Macabi Colombia, actual Vicepresidente del Congreso Judío Latinoamericano y gran colaborador de la Confederación de Comunidades Judías de Colombia, del Centro Israelita de Bogotá y de otras organizaciones judías.

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Palabras del Presidente de la República:

Si uno vive lo suficiente, puede conocer historias muy interesantes y “muchas veces“ hasta fantásticas.

Les hablo de esas historias de vida que nos recuerdan que los seres humanos podemos reinventarnos cuántas veces lo decidamos y que nos confirman que no hay desafíos imposibles.

Me refiero a historias como la de la familia Bakalarz.

Don Julius Bakalarz vivió una vida que inspira y enseña, y sus hijos “Ronald, Edward y Steven“ han engrandecido su legado con los años.

Él se enfrentó “no una sino dos veces“ al difícil reto de empezar desde cero.

Por primera vez “en Europa“ como sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial. Y luego, cuando perdió todo su trabajo durante la revolución en Cuba y decidió venir a Colombia.

Y esa última apuesta sí que le salió bien.

Hoy estamos reunidos “cincuenta años después“ celebrando la visión y la tenacidad de una familia que “a través de su empresa, Stanton SAS“ ha creado bienestar para sus empleados y sus familias, y les ha entregado productos de alta calidad a sus consumidores en Colombia y en el exterior.

Lo que significa que Stanton “bajo el liderazgo de la familia Bakalarz“ lleva medio siglo creando oportunidades.

¡Es así de claro y de valioso! ¡Y merece todo el reconocimiento!

En este momento hay más de 5 mil familias colombianas que pueden poner pan en sus mesas y que llevan vidas de calidad gracias a los empleos, directos e indirectos, que genera la empresa.

Una empresa que “además“ comenzó a exportar hace 35 años, convirtiéndose en toda una pionera en la conquista de mercados internacionales.

Y lanzarse al ruedo en la década de los setenta “cuando no contábamos con tantas puertas abiertas como hoy“ requería de mucha visión y coraje.

Así que me llena de orgullo entregarles hoy la Orden de Boyacá, la mayor distinción que tenemos para aplaudir a los colombianos que sobresalen en su trabajo por Colombia.

Ustedes son un ejemplo del que todos podemos aprender.

Y un ejemplo que ahora cobra todavía más relevancia, cuando estamos construyendo una nueva Colombia, un país de oportunidades.

En esta nueva Colombia necesitamos líderes como ustedes que aporten “con el éxito de sus empresas“ a la buena salud de nuestra economía y a que aumente nuestra competitividad.

Porque a ese país de oportunidades llegamos con empresas que quieran competir y crear más y más empleos de calidad para los colombianos.

La nueva Colombia se construye con empresas que trabajen por alcanzar crecimientos realmente extraordinarios, de una manera rápida, rentable y sostenida.

Si contamos con empresarios dispuestos a pararse en la cancha para competir con calidad, innovación y valor agregado, veremos cómo se multiplican las oportunidades.

Pero esta es una cara de la moneda.

Hace poco me preguntaron cuál creía que era uno de nuestros mayores obstáculos como sociedad, después de la guerra que hemos cargado por más de cincuenta años, claro está.

Sin pensarlo mucho contesté: "Debemos aprender a pensar a largo plazo, nos hace falta tener visión".

Esta es, a mi modo de ver, la otra enorme contribución que nuestras empresas pueden hacerle a esa nueva Colombia.

Si de verdad queremos disfrutar de un país de oportunidades necesitamos empresarios “como ustedes“ que inspiren un cambio de mentalidad en los colombianos.

Los colombianos tenemos mucho que aprender de ese espíritu incansable, arriesgado y visionario que caracteriza a los verdaderos emprendedores.

¡Y qué mejor lección que la que nos han dado Don Julius y sus hijos!

La familia Bakalarz supo empezar “de cero“ en dos ocasiones.

Ellos entendieron que esos momentos difíciles eran, en realidad, oportunidades disfrazadas de fracasos.

Se adueñaron de una visión y comenzaron a construirla desde el primer ladrillo.

¡Esto es lo que necesitamos! ¡Esto es lo que Colombia requiere! Que más colombianos abran los ojos y aprendan del ejemplo de esta familia y de su empresa.

¡En Colombia se puede emprender, se puede competir y también se puede ganar!

Si hoy estamos conmemorando los cincuenta años de esta gran empresa es porque en Colombia es posible construir un mejor porvenir desde las circunstancias más difíciles.

Ahora, imagínense lo que podemos hacer hoy en Colombia, cuando tenemos tanta materia prima “y de tan buena calidad“ para seguir fabricando ese país de oportunidades que queremos.

Nos llegó la hora de soltar la incredulidad y el miedo que nos ha tenido con una mano amarrada a la espalda durante medio siglo.

Hoy tenemos razones de sobra para cambiar la desconfianza por la certeza de que estamos creando un país distinto.

La evidencia está por donde se mire.

Colombia es hoy un país cabeza de serie. Y con esta afirmación “aclaro“ voy más allá de la clasificación de nuestra selección al Mundial de fútbol de Brasil.

Porque a esta buena noticia se le suma que hoy también somos cabeza de serie en la creación de empleo.

Durante los últimos 3 años, el país que más empleos ha generado en la región es Colombia, esa nueva Colombia.

Y si recordamos que llevamos 37 meses seguidos con el desempleo a la baja, el panorama se pone todavía mejor.

Adicionalmente, el empleo formal ha crecido alrededor del 6 por ciento desde noviembre del año pasado.

Este país distinto que estamos construyendo, además, cuenta con una economía que ha crecido “en estos 3 años“ a un promedio del 4,9 por ciento, el tercero más alto de América Latina.

Esto, sumado a que el recaudo tributario ha crecido un 50 por ciento en dos años, nos permite tener hoy la tasa de inversión más alta de la historia de nuestro país.

Otro resultado muy alentador es que también nos ganamos el primer lugar en cuanto a la inflación. ¡Tenemos los niveles más bajos de la región!

Por si fuera poco, somos el país de la región que más disminuyó la pobreza en los últimos dos años, con excepción de Perú, y el que más disminuyó la desigualdad, con excepción de Ecuador.

De poco nos servía que nuestra economía siguiera creciendo mientras se ampliaba la brecha entre los colombianos de mayores y menores ingresos. Pero, por fortuna, eso ya no es así. No somos el segundo país más desigual de toda América Latina después de Haití, como recibimos nosotros a Colombia. Hoy estamos en el promedio.

De modo que podemos decir “como lo dijeron esta semana los presidentes entrante y saliente de la Andi; acabo de posesionar al doctor Luis Carlos Villegas como Embajador en Washington“ que la nuestra es una economía con un futuro brillante.

Eso mismo lo dijo, ni más ni menos, en estos días la presidenta del Fondo Monetario Internacional. Dijo que Colombia era uno de los países con mejores perspectivas para el año entrante, no de la región sino de todo el planeta.

Pero la verdad es que las razones para creer en un país distinto no paran aquí.

Las buenas condiciones que tenemos para seguir fabricando la Colombia de las oportunidades “esa que todos nos merecemos“ se ven cuando nuestros niños y jóvenes pueden asistir al colegio, como pasa hoy, sin pagar un solo peso.

O cuando, al graduarse de bachilleres, pueden acceder a cientos de miles de becas y de créditos “con cero interés real“ para seguir con sus estudios superiores, técnicos o universitarios.

Es un panorama positivo que hoy están sintiendo los millones de colombianos que usan las autopistas digitales que conectan “con internet de alto velocidad“ hasta el rincón más lejano del país.

Hoy precisamente estuvimos en una especie de maratón poniendo en marcha 500 puntos, que hemos llamados kioscos digitales, en los sitios más remotos, más alejados de nuestra Colombia rural.

Estuve en un municipio que se llama Sora, en Boyacá, primera vez que un presidente había ido, por supuesto, un municipio muy pobre. Ahí estaban ya utilizando los computadores. La sensación que dan esos computadores a una comunidad que nunca habían tenido acceso a ellos, es realmente revolucionario. Y revolucionario para bien.

Y pensemos en cómo más va a mejorar el panorama de este país cuando “en los próximos años“ estemos usando las autopistas modernas y las obras de infraestructura que estamos construyendo o empezando a construir.

Les hago solo un cálculo. Con los proyectos 4G, estimamos que el crecimiento potencial de la economía en los próximos años pasaría de 4,6 a 5,3, solamente con esa inversión.

En un país así, con estas buenas noticias y con cimientos sólidos, los colombianos van a tener más oportunidades a su alcance.

Oportunidades para estudiar, trabajar, crear y emprender. Cada colombiano tendrá la posibilidad de activar un círculo de prosperidad que va a irradiar en distintas direcciones.

Pero me he estado guardando uno de los cambios más significativos que estamos tejiendo en Colombia. Se llama la paz.

Esta nueva Colombia será posible, y se va a poder cristalizar, cuando le encontremos una solución a este conflicto.

Por eso estamos negociando en La Habana con la mayor seriedad, con absoluta dedicación, con responsabilidad.

Y ahí, en ese frente, les confieso que estoy 'echando mano' de otra gran lección que le aprendí a Ronald Bakalarz, hace más o menos veinte años, cuando yo era Ministro de Comercio.

En mi primer viaje a Israel, lo invité a que me acompañara. Ronald y yo éramos amigos desde hacía bastantes años, cuando nos conocimos “si la memoria no me falla“ en una visita suya al periódico El Tiempo.

Pues nos fuimos para Israel y, después de pasar 4 o 5 días visitando empresas, nos aventuramos a negociar tapices en el mercado antiguo en Jerusalén. Estábamos en esas, negociando y tomándonos un té, cuando me entró el afán.

Ronald me agarró y me dijo: tranquilo. Y me explicó que si queríamos negociar bien y obtener un buen precio, debíamos tener paciencia, ser muy pacientes. Ese consejo se me quedó grabado ¡Y no se imaginan lo útil que me ha sido como gobernante!

La visión que estamos haciendo realidad “desde hace más de tres años“ de una nueva Colombia con oportunidades es un proyecto ambicioso que exige tiempo, constancia, perseverancia y, sobre todo, mucha paciencia.

Las negociaciones en La Habana son una parte de este anhelo a largo plazo que tenemos y requieren de aún más paciencia.

Hoy los invito a que sigamos apostándole a ese país distinto, cada uno desde nuestras capacidades, desde nuestras empresas, labores, desde nuestros rincones.

No olvidemos nunca que, como seres humanos y como sociedad, somos capaces de construir las más grandes empresas y proyectos.

Si lo podemos hacer “como nos lo ha comprobado la familia Bakalarz“ a partir de un terreno difícil, de un terreno adverso: ¿qué estamos esperando para aprovechar mucho más todo el potencial de esta nueva Colombia en la que ya estamos viviendo?

Concentrémonos en transformar este buen momento en un futuro brillante y excepcional. Porque ahora, más que nunca, tenemos con qué.

A ustedes “Ronald, Edward, Steven y a toda la familia que impulsa a Stanton SAS“ los felicito por estos exitosos cincuenta años.

Y les doy las gracias por servirnos de inspiración para seguir construyendo una Colombia distinta, un país con oportunidades, pero realmente que sea con oportunidades para todos.

Muchas gracias.